De qué hablamos cuando hablamos de hambre emocional

Si utilizas los alimentos para sentirte mejor o calmar ansiedades deberías saber más sobre el hambre emocional.

Esas galletas que tomas al llegar del trabajo porque “te lo mereces”, o el bote de helado que puede caer si te sientes triste un día, es comer emocionalmente. Es una acción donde prácticamente utilizamos los alimentos para sentirnos mejor. Más allá de cubrir con la sensación fisiológica de hambre y/o saciarnos, tiene otro fin.

Utilizar la comida de vez en cuando como algo reconfortante, o para celebrar, para tranquilizarnos, para recordar… no es algo malo. Pero cuando comer es el principal mecanismo de afrontamiento que tenemos ante un sentimiento o estado (ejemplo: si tu primer impulso es abrir la despensa al momento 1 de estar molesto, solo, estresado, o aburrido, etc.) entonces viene un ciclo no saludable, donde el sentimiento o problema real no se toca nunca, si no que se disfraza, no se trabaja. 

Es cierto que nuestra sociedad está acostumbrada a celebrar, reunirse, conmemorar o simplemente utilizar la comida como medio para llevar a cabo cualquier evento en general, y eso no podemos evitarlo. La comida termina siendo la columna vertebral de muchas de nuestras reuniones. Por eso no es extraño el hecho de que terminemos queriendo comer siempre cuando nos pase algo, ya sea bueno, o malo.

Cuando estamos ansiosos, nerviosos, preocupados, bravos, lo único que podemos “controlar” es la comida (o eso pensamos – además, es muy accesible y es rica, claro está). Entonces, confundimos ese sentimiento con hambre, y terminamos comiendo más cantidad de lo que estamos acostumbrados. Sobre todo de alimentos que nos hacen sentir bien: como azúcar, grasas, dulces, chocolate, etc. el problema es que el hambre emocional no se llena, ni se va con ningún alimento. Comer se siente bien en el momento, nos genera incluso respuestas placenteras a nivel cerebral (les dejo un vídeo al final en las referencias), pero los sentimientos todavía estarán ahí al terminar de comer.

Incluso, estos sentimientos o emociones pueden agravarse al terminar ese episodio de alimentación emocional, por las calorías extra que se consumen. Sentimos culpa, vergüenza, y poca fuerza de voluntad. Además, dejamos de aprender maneras más saludables de lidiar con nuestras emociones, es más difícil manejar el peso, y poco a poco, la comida va tomando una posición más intimidante y de control, o poder sobre nosotros.

CLARO, ES QUE ME COMÍ ESA GALLETA Y NO TENGO FUERZA DE VOLUNTAD…

No, no va así la cuestión. Un antojo NO es lo mismo que comer por querer o necesitar tapar/lidiar con una emoción. Si un día particular te apetece una galleta y te la comes ¿Cuál es el problema? Es otro escenario completamente distinto, y no pasa absolutamente nada querer comer algo de este estilo un día normal.

También quisiera hacer la distinción donde comer de manera emocional es un recurso que nos sirve para atravesar (lidiar, manejar) cualquier situación que nos está pasando en el momento, y eso no está mal, es lo que necesitábamos en esa situación en concreto, no eres mala persona, eso no te define. La cuestión es darnos cuenta de que nos afecta, y trabajarlo lo antes posible en esto, antes de que se convierta en un estado normal en nosotros.

AHORA, ¿QUÉ PUEDE CAUSAR LA ALIMENTACIÓN EMOCIONAL?

  • Muchos científicos llaman al intestino el “segundo cerebro”, ya que tiene una variedad de funciones nerviosas, además de hormonas y neurotransmisores que afectan la forma en la que nuestro cuerpo se siente. Cuando estamos nerviosos, se nos puede “cerrar” el estómago, y si estamos felices queremos comer más. Incluso, al enamorados, “sentimos mariposas en el estómago”, todo esto es porque en el intestino hay muchísimas neuronas, que afectan nuestro apetito, y digestión. Si algo nos afecta emocionalmente, probablemente a nivel intestinal también. Debemos estar atentos y saber escuchar a nuestro cuerpo.
  • Las personas que van de dieta en dieta son más propensas a comer en exceso. Son más vulnerables a sentimientos negativos sobre sí mismos. Para “escapar” de estos pensamientos/sentimientos, solemos buscar estímulos inmediatos como los alimentos. Es un método rápido, efectivo, accesible, muchas veces económico, y además placentero. Por esto las dietas restrictivas son lo peor.
  • Evitar grupos de alimentos como los hidratos también puede producir ansiedad. Mientras más nos vayamos a auto-prohibirnos cosas, más nos apetecen, somos así.
  • Contar calorías de forma obsesiva también puede traer episodios fuertes de ansiedad. Así como llevar un patrón de alimentación irregular (sin horarios definidos, saltarnos comidas, picotear siempre, etc.).
  • Cualquier sentimiento que queramos evitar podría desencadenarse en comer en exceso porque al ser un sentimiento que no nos gusta, queremos “desaparecerlo”. Mediante la alimentación emocional el sentimiento se va o se desaparece por un ratito al menos. Incluso sabiendo que nos vamos a sentir culpables, en el momento eso no nos importa porque ya no tenemos que sentir lo que estaba presente inicialmente, al menos por unos minutos.

Entonces, sea cual sea la razón por la que nos pasa esto, es importante darnos cuenta de que en casi todos los casos, la ansiedad no es por la comida como tal, si no por algo más que nos está afectando a nivel emocional. 

También es cierto que al identificar lo que nos está pasando, no siempre vamos a actuar de la forma que quisiéramos, pero eso está bien, no debemos juzgarnos y tenemos que notar la manera en que nos hablamos si ocurre algo que no nos gusta. Iremos poco a poco reconociendo, utilizado nuestra consciencia, y entendiendo por qué pasa esto, de dónde viene, cómo lo iremos trabajando, escuchando a nuestro cuerpo, etc.

Sin duda, debo decir que la terapia con un psicólogo nos puede venir genial como herramienta para gestionar este tema. Acudamos a los profesionales cuando lo necesitemos. No somos más, ni menos, por necesitar ayuda, más bien, estamos invirtiendo en nuestra salud y bienestar 🙂

Victoria Lozada

Victoria Lozada

Victoria Lozada, Nutricionista graduada en la Universidad Central de Venezuela. Actualmente vive en Madrid, y estudió un Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria y la Obesidad en la Universidad Europea de Madrid. Está especializada en alimentación vegetariana/vegana, y es apasionada de las redes sociales como herramienta de educación.
Actualmente tiene su consulta en Centro Aleris, en Madrid, y realiza asesorías personalizadas de forma online.

Creó Nutrition is the New Black para fomentar la educación nutricional, apoyando la alimentación natural, consciente, sin obsesiones, y derrumbando mitos.
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