Mantras: “tenes que venir a un encuentro” (crónica de mis encuentros con Paz)

Yo, la que no se puede quedar 30 respiraciones quieta en savasana, de alguna manera extraña permanecí 2 horas y media en una meditación, conectándome conmigo misma. ¿Cómo? Mantras.

Los mantras qué son: esto es lo que se al momento, algo así como códigos de sanación que se entonan de una forma musical. A veces se cantan, otras se escuchan, se piensan. Se pueden entonar a capela o acompañar de instrumentos.

Hace un año que practico yoga, y sólo me era familiar el mantra de inicio, del cual no participaba activamente hasta hace unos meses. Mi profe me dijo: no pasa nada si sos judía, no estás diciendo nada raro: es para agradecer a los maestros que podés hacer esta práctica, darte este momento, que existen, que el yoga existe.

Entonces, me dije a mí misma que le iba a poner onda, y lo empecé a cantar: tan, tan rara no me sentí.

 

Hace unas semanas tuve mi primer encuentro con Paz.

Le hice un millar de preguntas. Quería entender qué quería lograr con los mantras, ella lo ve como su misión en la vida, pero no me quería contar por qué. Me dijo: “tenes que venir a un encuentro”

 

El segundo encuentro: el taller de Mantras

Paz no asusta nada. No tiene turbante. No está vestida de blanco. No habla pausado. No anda enyoguizada todo el día, ni se sienta en loto. Es normal. ¿Normal? Es mamá, persona, trabaja, mujer: no canta mantras desde el alba hasta el anochecer. Usa remeras rockeritas y canta con onda.

Cuando Paz me reiteró la invitación, entré en pánico: esperé que fuera lejos, muy lejos de mi casa y no pudiera ir. Pero era ahí nomás. Me daba “cosa” ir sola, le pregunté a un amigo que le “encanta respirar” y vino de puro gusto.

Grata sorpresa. Paz canta divino. Habla normal de nuevo. Te envuelve en su historia. Es graciosa. La querés de amiga, te juro. La acompañan un violinista y un guitarrista de la hostia.

Éramos unas 10 personas, descalzas en una sala, llena de música. Paz comenzó con una meditación guiada y luego el primer mantra. No debía abrir los ojos, pero no me pude contener: vi rostros calmos, conectados, tranquilos por los que corrían ríos de lágrimas. Una mujer lloraba tan desconsolada pero en absoluto silencio que me conmovió. Comencé a imaginar qué le podría haber pasado para que tuviera tanta tristeza contenida: qué se le habría perdido. De golpe sentí el cuello mojado, no entendí que pasaba. Me toqué la cara. Yo también estaba llorando. No me daba cuenta, no sentía la tristeza, el desconsuelo: pero no podía parar de llorar, la cara empapada.

No me gusta llorar. Me toqué la cara y dije ¿qué es esto?

Entonces todavía ahora no entiendo qué fue. Había que sentirlo. Supongo que será un sentimiento que excede la individualidad. Llorar en comunidad, y alegrarse, porque le siguieron momentos de mucha alegría, música, tranquilidad, paz.

Paz sacó su disco y lo quiero compartir.

Porque los mantras no asustan, están buenos, se pueden escuchar en loto o en un viaje en el auto. Lo escuchan en Spotify por acá.

El que lo quiera entre sus manos chifle que se consiguen en cd por acá….. 

 

El tercer encuentro

Este es el tuyo. Quiero que conozcas a Paz en esta entrevista.

 

Mariel Grinstein

Mariel Grinstein

Editora at Green Vivant
Mamá, Licenciada en Marketing, cardio-junkie, Ashtangui to be, Cheff, vegana (y por si fuera poco: ¡kosher!)
Mariel Grinstein
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