El desafío del cambio ¿Cuál es la mejor manera de enfrentarlo?

Todo cambio supone abandonar lo viejo conocido y abrazar lo nuevo. Entender qué sucede en nuestro cuerpo frente al cambio puede ayudarnos.

Nuestro sistema percibe este proceso como una amenaza ya que al no poder reconocer lo nuevo lo experimenta como algo ajeno y lo interpreta como peligroso. Es por esto que todo cambio genera en principio una resistencia y para que éste ocurra debe atravesarse esta resistencia posibilitando el proceso de adaptación, condición necesaria para la vida. 

La psicología y las neurociencias nos están ayudando a comprender los mecanismos involucrados en él y nos brindan nuevas herramientas para que podamos acompañar el proceso con el menor costo posible. 

 

¿Qué pasa en el cerebro cuando es necesario cambiar?

La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de reorganizar y modificar funciones para poder adaptarse a los cambios tanto internos como externos. Esto es posible a través de la creación de nuevos circuitos neuronales que nos permite afrontar los desafíos exitosamente e ir borrando los que ya no sirven, debilitándolos. 

El cerebro necesita una compleja red neuronal que conecte las principales áreas sensoriales y motoras, que tenga la capacidad de ir asimilando momento a momento nueva información y que pueda hacer los ajustes necesarios creando nuevas conexiones sinápticas. 

Cuando es necesario un cambio aparecen dos dificultades importantes que pueden demorarlo o impedirlo. Por un lado, el cerebro siempre va a recurrir primero a los circuitos conocidos que conforman los hábitos ya que tratará de gastar la menor cantidad de energía posible y todo cambio supone un altísimo costo de energía. Por otro lado, cuando nos enfrentamos a un desafío el cerebro lo vive como una situación peligrosa porque no la puede reconocer y representa una gran incertidumbre. Se encienden de esta manera los mecanismos del estrés activando especialmente la amígdala, un órgano del cerebro encargado de procesar el miedo y se desactivan otros órganos de la certeza prefrontal que nos permitirían poder tomar las decisiones más adecuadas planificando las acciones. La respuesta que se presenta ante el estrés provocado por la incertidumbre es del tipo “ataque o huida”. Y los síntomas más habituales son disminución de la capacidad para pensar racional y creativamente, repetición de conductas conocidas, irritabilidad, ansiedad, miedo, agresividad. Sólo cuando baja la percepción de la amenaza y logramos calmar la amígdala es que podemos contar con la corteza prefrontal. Esto nos permite elegir las mejores respuestas habilitando la capacidad de planificar, mayor visión, creatividad, mejor resolución de problemas, cálculo, lenguaje y razonamiento lógico. 

 

¿Cuál es la mejor manera de afrontar los cambios?

En principio no hay una única manera ya que cada persona tiene distintas formas de hacerlo de acuerdo a sus características singulares. Pero es muy importante registrar cuáles son las necesidades de cada uno ante situaciones de estrés y respetarlas. Es importante saber que el cuerpo va a estar necesitando cuidados especiales ya que el costo energético y la tensión a la que va a estar sometido es mayor. Por lo tanto, es fundamental:

  1. Cuidar la alimentación, cuanto más orgánicos mejor para que el cuerpo no este gastando mucha energía tratando de liberarse de las toxinas. 
  2. Respetar las horas de sueño y descanso. Para que haya una adecuada recuperación de la energía.
  3. Hacer ejercicio regular para tener una buena oxigenación y un adecuado funcionamiento de todo el organismo. Además de una buena forma de eliminar toxinas. 
  4. Realizar alguna técnica de meditación o respiración. Estás tiene un efecto directo sobre la amígdala, que la aplaca favoreciendo el desarrollo de la corteza prefrontal. 
  5. Beber por lo menos 2 litros de agua durante el día. No solo hidrata el cuerpo, sino que mejora el funcionamiento del cerebro. 
  6. Crear una red de afectos para sentirse contenido en momentos de mayor incertidumbre. 
  7. Tener momentos para parar las actividades habituales y darse un tiempo para poder desarrollar la visión de hacia dónde orientar el cambio.
  8. Definir claramente las metas.
  9. Pensar las acciones correctas para poder cumplir con las metas. 
  10. Revisar el sistema de creencias de manera tal de poder detectar contradicciones que demoren o impidan el cambio deseado. 

Muchas veces somos nosotros los que estamos necesitando los cambios y los encaramos con entusiasmo, pero otras veces la vida nos pone frente a la necesidad de adaptarnos a las circunstancias que no podemos modificar. Sin dudas si tomamos en cuenta estas recomendaciones estaremos mejor preparados para afrontarlos y además reduciremos las consecuencias negativas que el estrés podría provocar si éste se hiciera crónico. Permitiéndonos de esta manera acompañar los cambios con menor resistencia y mayor fluidez. 

Liz Alcalay

Liz Alcalay

Como terapeuta integrativa mi atención está enfocada en crear las mejores condiciones posibles para que cada persona pueda desarrollar su pleno potencial conectándose con su verdadera esencia más allá de los roles adjudicados familiar o socialmente.

Al abrirnos a la posibilidad de una mirada integradora que reúne el plano físico, emocional, mental, social y espiritual, podemos reconocer una realidad interrelacionada y así descubrir nuestra íntima conexión con la vida en todas sus dimensiones.

Cada persona es un ser único y singular, y es un objetivo de la terapia que no sólo podamos reconocer esa singularidad sino que también podamos abrazarla en su totalidad desde un corazón abierto y compasivo.
Liz Alcalay
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