Risotto de Tomate [vegan!]

Los que hayan visto alguna vez Masterchef Australia [que, comparado con las otras versiones del programa, parecía Disneylandia] habrán notado que el risotto se conoce como “death dish” [plato de la muerte] porque, como las exigencias de los jueces eran tan altas, cada vez que alguien lo cocinaba, siempre terminaba descalificado. Por tanto, el risotto no aparecía casi nunca y cuando lo hacía, todos temblaban, hasta el camarógrafo.

En casa, en cambio, el risotto aparece todo el año sin temores ni preocupaciones, y aceptamos todas sus manifestaciones: a veces más espeso, o de cebada, o de colores, o, como esta vez, simple de tomate; lo queremos tal cual es. Es además compañero ideal para el invierno y no nos pide más que algunos pocos ingredientes.

El risotto de tomate -debo confesar- nunca se me había ocurrido hasta que encontré dos latas de perita al fondo de la alacena. No solo es una combinación a la vez obvia y clásica [¿quién no le tiró salsa de tomate al arroz alguna vez?], si no que, gracias al gusto más fresco y ácido de los tomates, no se hace tan pesado como otras variantes. A quienes tengan latas empolvándose en sus estantes y estén con frío en los pies, les recomiendo que lo prueben esta semana, porque realmente es muy fácil de hacer.

NOTA: por temitas técnicos no le saqué fotos al proceso, pero, si nunca hicieron antes y quieren ver cómo se ve la preparación, pueden guiarse con la versión de remolacha. Y para los no veganos, les recomiendo, si pueden, usar un poquito de manteca en vez del oliva para compensar un poquito la acidez del tomate de lata.

 

Receta de Risotto de tomates

Ingredientes – para aprox 6 porciones

  • 3 cucharadas de oliva [o mitad oliva, mitad manteca/margarina]
  • 1 cebolla grande pelada y picada
  • 3 dientes chicos de ajo pelados y picados
  • 1 cucharadita de sal fina
  • 2 tazas de arroz de grano corto [arborio o carnaroli son los clásicos, pero pueden usar de sushi sin problema[
  • 1 taza de buen vino tinto
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 2 latas de tomates enteros [400g cada una, aprox]
  • 6 tazas de caldo de verdura calentito
  • un puñado grande de tomatitos cherry [si encuentran de distintos colores, va a quedar más lindo]
  • pimienta, parmesano/rawmesan y perejil, todos opcionales para servir

En un bol amplio mezclar el caldo con los tomates y su jugo, y procesar hasta que estén bien integrados y no queden grumos. Dejar aparte.

Calentar el aceite [o aceite y manteca/margarina] en una olla o sartén grande [y preferentemente, pesada], a fuego medio. Agregar cebolla y ajo y saltear con la sal 3-4 minutos, hasta que las cebollas estén volviéndose translúcidas.

Agregar el arroz y revolver bien [va a tornarse un poco brilloso], y luego sumar el vino, revolviendo y dejando que se absorba unos 3 a 4 minutos.

Bajar un poco el fuego, y agregar 1.5 tazas del caldo, revolviendo bien. Esperar a que el arroz absorba parte del líquido antes de agregar más caldo. Para saber cuándo agregar, pasar una cuchara de madera por el medio de la olla, raspando la base: si el arroz se junta rápidamente, esperar un poquito más; si queda el surco, agregar más caldo. Ir agregando el caldo de a poco, revolviendo bien el fondo cada tanto para que no se quemen los granos; son más o menos 30 minutos en total.

Mientras tanto, cortar casi todos los tomatitos por la mitad, reservando un par para servir.

Probar el arroz y, si está bien tierno, agregar los tomatitos cortados y el azúcar, y revolver un poco; cocinar dos o tres minutos y retirar la olla del fuego. Si el risotto está muy firme pueden agregar un poquito más de caldo para que quede más líquido, o dejarlo como está, según quieran. Corregir la sal y pimienta, a gusto y, si usan, agregar un poco de parmesano/rawmesan rallado.

Servir en boles individuales y espolvorear a gusto con perejil, más queso si usan, y los cherry reservados, fileteados.

Cecilia no vive de ensalada

Cecilia no vive de ensalada

Soy vegetariana hace 15 años, cocinera entusiasta y tuve la suerte de viajar bastante en los últimos tiempos, lo que me sirvió para ampliar el paladar y el repertorio de obsesiones culinarias. En mis recetas busco experimentar, recrear platos de otros lugares y sobre todo mostrar que la cocina vegetariana puede ser riquísima y divertida. Sí, divertida. Si no me creen, consulten con los carnívoros y veggies que se cuelan para comer en casa.
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