Si no querés cambiar, mejor no hagas yoga…

El yoga te cambia profundamente. Un día empezás a practicarlo y al tiempo notás que tu vida cambió. El Yoga es tan completo que te cambia en todos los planos. A nivel físico, energético, emocional, mental, personal y espiritual.

Todos sabemos que el cuerpo te cambia profundamente con el yoga. Ganás flexibilidad, fuerza y equilibrio. Pero el cambio es mucho más amplio y todos los que practican regularmente lo saben bien.

Las emociones que guardabas salen a la luz, todo eso que alguna vez quiso salir y no lo dejaste te lo volvés a encontrar para procesarlo y aceptarlo. En la Mat, (la colchoneta de yoga o el yogodromo, como dice mi novio) te encontrás con todo tu ser, te enfrentás con tu verdad, con todo lo que sos, luz y sombra. Cuando hacemos yoga estamos bien atentos, sintiéndonos y observándonos a cada instante y ahí es cuando vemos esas nubes de pensamientos que nos molestan cada tanto. Esas tristezas, esas broncas, esos pensamientos negativos. Y bueno, la lista continúa, si es que somos honestos con nosotros mismos.

Claro, hay que ser honesto. Cuando se hace yoga verdaderamente, uno se enfrenta consigo mismo y se mira a sus propios ojos. Al principio incomoda, pero de a poco te das cuenta que mirándote de frente es la única manera de trabajar internamente y crecer como persona, para así conectar con la libertad y la felicidad. El cambio comienza cuando abrazás eso que alguna vez negaste, cuando acariciás tus dolores, cuando cultivás la compasión, expandís la alegría y, de a poco, te vas conectando cada vez más con la luz de tu interior, con ese amor profundo y sanador. Al terminar la práctica empezás a sonreír sin motivo alguno, una sonrisa que nace de un lugar muy interno.

Vale aclarar que los cambios no vienen de un día para el otro y que hay momentos en los que uno quizás deja la práctica, y por ende los beneficios y las miradas internas. En los Yogasutras nos advierten de los obstáculos que se nos pueden presentar, pero si tenés una práctica constante y honesta, verás que el yoga te cambia profundamente. Y si no querés cambiar, mejor no hagas Yoga.

Mili Figueroa

Mili Figueroa

A mis 16 años, en el 2005, comencé a conocer el Yoga con Guido Spina. En su espacio también participe en talleres de respiración, meditación y curse la formación de reiki.
A medida que paso el tiempo tomé clases con diferentes profesores, conociendo así distintos estilos y maneras de dar clase.
Al terminar el colegio pasé por un momento de busqueda personal donde probé brevemente diferentes carreras. En ninguna de ellas encontré lo que buscaba, y es por eso que a la par de estudiar Filosofía, comencé la formación de Yoga en KHYF (Krishnamacharya Healing and Yoga Foundation). Fue entonces cuando me di cuenta que quería dedicarme por entero al yoga, dejando así la facultad, para profundizar en el yoga, tanto en teoría como en práctica.
En estos años fui formándome también en Energía Aplicada, Reiki, Sanación y Arteterapía.
Actualmente doy distintas clases de Yoga grupales, individuales y practicas personales. Doy sesiones de Reiki, Sanación y Energía Aplicada. Y diferentes talleres de Yoga, Respiración, Meditación y cursos de Reiki Usui.
Practico diariamente, sigo estudiando, investigando y disfrutando de este camino interno.
Mili Figueroa

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