Relato de un desgarro, se trata más de sentir que de entender

El ruido fue algo como “krak krak krak”… y lo primero que pensé fue: “Ok se me desprendió la cabeza del fémur de la cadera”, y lo siguiente que pensé fue: “No seas tan fatalista” y lo tercero que me vino a la mente fue: “Tranquila, probá a ver si podés caminar”, y cuando ví que más o menos me podía mover, me dije: “Bueno, ahora sí supongo que te vas a dar un tiempo para escucharte y sentirte”.

Todo eso en cuestión de segundos, mientras la clase seguía y yo intentaba entender que estaba pasando con mi cuerpo. No fue un lunes como cualquier otro Había estado toda la semana en cama por laringitis. Recién llegada de Brasil, con el cuerpo muy cansado de haber estado entrenando 8 hs por día durante un mes en una formación, y todavía un poco movilizada por todo lo vivido en ese viaje. Pero como ese lunes me sentía mejor, decidí retomar mis clases de Danza.

“Desgarro en el tensor de la fascia latta de 2 cm. Tenés que hacer reposo absoluto por mínimo un mes”, me dice el traumatólogo. Al segundo, me toma por completo una sensación de angustia e impotencia. “Pero no puede ser, no puedo… trabajo con mi cuerpo”, le contesto. (Y créanme que los que trabajamos con el cuerpo, me van a entender y sabrán que parar un mes no es cosa menor). Y me dice con una sonrisa: “¿Cómo que no podés? Te tenés que cuidar ahora. Además te pregunto, ¿qué es un mes en toda una vida?” Salí y me quedé sentada en un banco un rato largo, llorando y mirando la gente pasar… si, soy un poco dramática!

Y pensaba, “Bueno no es tan grave… tomátelo como unas vacaciones del cuerpo obligadas”. Pero fueron mucho más que eso… Los que me conocen saben que me cuesta permitirme momentos de ocio, de no hacer nada. Siempre tengo esta sensación de que tengo que ser productiva, de que tengo que estar haciendo algo porque sino pierdo el tiempo. Por suerte desde ese día, todas esas falsas creencias fueron cambiando de a poco… Y empecé a vivir desde mi sentir, más que desde mi entender.

Y siguiendo con la crónica… faltaba una hora para ir a dar clase y ya había suspendido la anterior por haber estado en el médico. Tuve sensaciones encontradas; por un lado, me moría del dolor y quería acostarme y seguir lamentándome, castigándome y victimizándome. Pero por otro lado, había estado un mes sin dar clase, y ese día retomaba en el estudio, con alumnos nuevos y “sentía” que no quería cancelar la clase. Cerré los ojos, respiré un rato largo y decidí ir a compartir la práctica con lo que pudiese, con la energía que tuviese en ese momento, sin forzar, y abriéndome al momento junto con mis alumnos. 

Yo no digo que todos tenemos que pasar por lesiones o por dolores profundos para aprender de uno mismo, pero sí sé que lo que no integramos y mantenemos oculto sin poder o querer ver, haciéndonos los desentendidos, viene a buscarte. Simplemente porque todos tenemos una misión en esta vida, y si no estamos viviendo conforme a ella, inconscientemente nuestra esencia nos va a dirigir hacia lo que está preparado para nosotros, para nuestra evolución, a veces viene con un poco de dolor e incomodidad.

Porque si yo no vivo de acuerdo a mi plan divino, nadie lo va a hacer por mí.

Y en esta red en espiral ascendente que formamos todos los seres humanos, nuestra misión es habitar la energía que nos corresponde, es única, de cada uno y nunca más se va a volver a repetir. Si yo no la habito, se transmuta en otra cosa, se transforma y mi microcosmos se queda de alguna forma desbalanceado o incompleto.

Hoy entiendo que mi glúteo derecho me había estado hablando desde hace años con una contractura fuertísima, mas yo no escuchaba… Seguía y seguía… hasta que dijo basta… y arrancó otro aprendizaje en mi camino de autoconsciencia, de despertar, de integración conmigo misma. Así es que de golpe, sin tiempo de preparación, mi inconsciente me dijo:

“Es tiempo de frenar, para ir hacia adentro, para reencontrarte con lugares que tenés abandonados o que ni siquiera estás viendo de vos misma y que son la puerta a conocer tu enorme potencial como ser”.

Creo que hay varias etapas por las que uno transita cuando sufre o siente dolor. Hay un momento en el que el camino se bifurca y te volvés más compasivo, amoroso, o te quedas en la queja, en la negación y no aceptación. A mí en lo personal, este desgarro, me ayudó a ser más real, humana, amorosa, comprensiva. Pero sobre todo, a respetar, disfrutando de los ciclos y procesos, aún cuando los tiempos no son los que yo quiero… fluyendo con los acontecimientos y confiando.

Las caderas tienen que ver con el segundo chakra. Para nosotros los yoguis es uno de los chakras más poderosos, y más fundamentales en el sistema sutil. Ya que en este nivel del ser, se aloja nuestro material inconsciente y todo lo que está en las sombras y que no vemos. Y permítanme decirles que el material inconsciente es lo que rige el 90% de nuestras vidas! Asique si será de vital importancia estar en sintonía con él. También tiene que ver con la posibilidad de disfrutar, de saborear los procesos y de aprender a fluir como el agua, a surfear los acontecimientos, aún cuando se ponen difíciles.

Este centro energético tiene su correspondencia con lo que los chinos llaman el Tantien, el centro del cuerpo, en donde se aloja la mayor fuente de chi, de energía vital, de prana. Y actúa en todos los seres humanos como un segundo corazón, de percepción profunda, instintiva. Pero más aún en las mujeres… ya que nuestro útero es un gran catalizador de energía, de absorción y de eliminación, de transmutación y transformación. Este chakra representa también la sede de nuestros deseos y la posibilidad de co-crear con el universo, materializándolos.

En mi proceso personal, puedo decir que esta lesión en esta zona del cuerpo, fue uno de los aprendizajes más conscientes que tuve en el último tiempo. Dos días antes de lastimarme, había llegado a mis manos la obsidiana, piedra de lava volcánica que está íntimamente relacionada con este chakra. Y cuando ella llega a tu vida, claramente hay una intención muy fuerte de purgar, de limpiar tu casa interna, de remover y encontrarte con tus sombras para dejar salir el enorme poder y potencial que uno tiene, y cortar de raíz aquellos patrones que ya no vibran con uno mismo, para que no vuelvan nunca más. Y para eso hay que sumergirse bien hondo y bucear en las profundidades de uno mismo, aceptando y amigándose con lo que no nos gusta y rechazamos de nosotros mismos.

Hoy, 40 días después de haberme lesionado, puedo decir que esta lesión vino a buscarme para poder conocerme un poco más, puedo decir que mi inconsciente se manifestó de esta forma y que este desgarro fue una puerta a dar más luz a esos lugares negados, a amarme un poco más como soy, una posibilidad para vivir más integrada y no tan polarizada. Vino para darme cuenta que quiero valorar y cuidar más este bello cuerpo. Y con cuidarlo no me refiero a ser “saludable” comiendo sano y ejercitando solamente, sino a darnos el tiempo para oír sus señales. Esta lesión vino también para ser más agradecida con mi cuerpo y todo lo que me permite experimentar y vivenciar. Pero vino sobre todo para reconfirmar que somos algo más que el cuerpo físico. Y que si nos quedamos en sólo fisicalidad, como hoy en día está aconteciendo en una sobrevaloración del Asana, nos estamos perdiendo del Yoga real, del que hablan los textos sagrados, del Yoga que nos transforma de raíz y nos hace ser quién somos realmente.

Y terminando con el relato… Finalmente ese día que me lesioné, fui a dar clase… muy tranquila por un lado, porque tenía muy claro que iba a dar lo mejor de mí pero sin forzarme. Pero por otro lado, un poco curiosa de cómo iba a hacer para dar una clase de Vinyasa Flow sentada… O sea, enseñar a moverse desde la palabra, sin poder hacer ninguna demostración, sabía que iba a tener su gran dificultad y desafío, pero me entregué y dejé ir el control… Con un foco claro y direccionado me dejé fluir. Literalmente me paré dos veces para caminar por la sala rengueando, pero el dolor era tan insoportable que me senté en el zafu y no me levanté más hasta el final.

Fué hermoso lo que sucedió… Una alquimia entre mi energía y la de los alumnos, una escucha y amor permanente entre todo el grupo. Y una conexión tan fuerte con mis alumnos más avanzados y de siempre que me ayudaron enormemente a contener el grupo y a ponerle movimiento y cuerpo a mi guía, a mis palabras. La apertura y compasión de todos en estas cinco semanas, y el desafío de enseñar transiciones y posturas complejas sin demostrar, fue de un gran cambio de paradigma para mí. Lo que me ayudó a trabajar desde un lugar mucho más sutil, consciente, presente y a descubrir nuevas herramientas que ni yo sabía que tenía.

Con esto no digo que avalo ninguna lesión ni enfermedad. Ojalá que nadie tenga que pasar por esas situaciones. Pero sí puedo decir desde mi experiencia que el cuerpo sabiamente habla todo el tiempo. Y que la magia y los milagros no son otra cosa que estar conectados íntimamente con nosotros mismos y con el entorno, de sentir un amor profundo hacia la Madre Tierra y todos los seres que la habitan. Magia es estar conectados con nuestros deseos y poner luz sobre nuestras sombras. Y así poder vivir desde nuestra esencia, con su parte divina y su parte humana.

Pero estamos muy ocupados, nublados y anestesiados, llenos de miedo… Por eso nos parece mágico o milagroso cuando tenemos atisbos de conciencia expandida o de comprensión profunda de la realidad o experiencias de amor y alegría verdaderas. Pero en verdad eso somos, solo que lo olvidamos muchas veces. Y por eso, muchas veces vienen nuestras maestras las lesiones… para recordárnoslo. Algunos no necesitan de esos aprendizajes porque “se dan cuenta” más rápido.

Pero otros, necesitamos de esos sacudones para ser conscientes y volver a ver esa magia que es nuestra esencia. Esa magia que se llama Sincronicidad y que sucede todo el tiempo, más de lo que nosotros creemos y vemos. Esa magia que se llama Amor y que nos mueve día a día en nuestras vidas. Esa magia que se llama Conexión con el todo y que está pulsando constantemente. Esa magia que se llama “estar presente” en cada segundo de nuestras vidas.

Entonces… “Qué es un mes en toda una vida, si va a ser uno de los meses más conscientes y reales de toda mi existencia?”

Ojalá mis palabras sean de inspiración para quien lo sienta y resuene…

Con mucho amor, bendiciones y gratitud siempre,
Lu 

Lucia D'Alessandro

Lucia D'Alessandro

Lucía es practicante de Yoga y bailarina de Danza contemporánea desde hace 15 años.
Está certificada internacionalmente en Vinyasa, Yin Yoga y Acroyoga. Viajó por India, Brasil, Indonesia y Australia estudiando y compartiendo la práctica. Entre su formación también se pueden destacar el masaje tailandés, la sanación pránica avanzada y con cristales. Actualmente es la directora de su propio estudio de Yoga "Surya Espacio" y dirige una formación internacional para profesores de Yoga, junto con la escuela Yin Yang Vinyasa. Hoy en día reparte sus días dando talleres, retiros, workshops y desarrollando su sistema Yoga Dance Flow®
en el que viene trabajando hace varios años. Una práctica que integra esencialmente, la sabiduría ancestral del Yoga y sus varias ramas, junto con la danza como movimiento conciente y la anatomía energética. Resultando así en una práctica sanadora, de autoconcimiento
con uno mismo y con el entorno. Rescatando nuestro fluir natural, ese que viene desde la esencia de cada uno.
Lucia D'Alessandro
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