Sal de mesa y sal de mar

La mayoría de las personas usa cotidianamente sal de mesa en sus comidas, pero cada vez más nos inclinamos a consumir la sal del mar. ¿Hay realmente una diferencia entre los dos o es simplemente una moda?
 La sal es un mineral esencial en nuestra vida: específicamente para cocinar, realza sabores y ayuda a preservar los alimentos. Si bien no debemos consumirla en exceso, es parte fundamental de nuestra vida.

Toda sal es cloruro de sodio y viene del mar. Sí, leíste bien. Incluso la sal de mesa. Pero eso no significa que te deba dar igual usar una u otra.

Sal De Mesa

La sal de mesa normalmente se extrae de depósitos de sal o salinas, restos de agua de mar que se ha secado. Tiende a ser un poco más densa ,según el método de evaporación utilizado para obtenerla. Se procesa para purificar y despojarla de todos los otros minerales y contaminantes, lo cual lamentablemente destruye algunas propiedades naturales, como por ejemplo un nivel bajo y saludable de yodo. Luego, por su industrialización, es complementada con sustancias antiaglomerantes, tales como aluminosilicato de sodio, dióxido de silicio y carbonato de magnesio. Este agregado es lo que la hace más cuestionable para una dieta saludable y natural.
La sal de mesa es usualmente cloruro de sodio aproximadamente el 98%, con aproximadamente 2% en peso de un agente anti-apelmazamiento. También puede ser yodada; en cuyo caso, se añade yoduro de potasio (u otra fuente de yodo), como se realiza por ley en Argentina. En Venezuela se le añaden yodo y flúor.

Sal Marina

La sal marina se cristalizó a partir de masas fluidas de agua de mar, ya sea por evaporación solar al aire libre (por lo general, las sales más caras del mercado provienen de este método de evaporación) o por un proceso de evaporación al vacío más rápido.
La sal del mar se vende sin refinar o refinada. La primera no recibe un lavado, por lo que puede verse de color gris debido a sedimentos e impurezas. Puede incluir minerales saludables como magnesio, potasio y calcio, pero también algas y bacterias capaces de tolerar altos niveles de sal. Todo esto puede contribuir a otorgarle a la sal un sabor más complejo, según afirman muchos paladares refinados y expertos. Por supuesto, si nos fijamos en la cantidad de sal que en realidad se agrega sobre un plato de comida, es difícil saber a ciencia cierta si esas trazas realmente contribuyen al sabor final de los alimentos.
Por otro lado, la sal marina refinada sí se lava para despojarla de sus minerales y contaminantes, purificándola en una sal que es muy similar a la sal de mesa, pero carece de los procesos de industrialización posteriores que le agregan sustancias artificiales. La sal del mar puede tener una textura más rústica, sobre todo en función del método utilizado para recoger y secar.

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¿Y la sal rosa?

Seguramente también probaron o escucharon mencionar la Sal rosa del Himalaya.
La sal del Himalaya procede de las montañas de Pakistán, por regla general de la mina de sal de Khewra, que es la segunda más grande del mundo. Se presenta muchas veces en pequeñas rocas, de color rosado característico, para ser molida justo en el instante.
El ministerio de Salud de Alemania ha podido detectar en ella hasta 10 tipos de oligoelementos diferentes, con un contenido de un 98% de cloruro de sodio (lo que la convierte en una sal no refinada).
Quienes la prefieren, argumentan que aporta 81 minerales biológicamente activos y fácilmente asimilables por las células; y entre otras propiedades, mejora el balance electrolítico en los fluidos internos, sobre todo en la sangre.

 

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