Una guía para descubrir los alimentos en familia

Yo amo comer es un libro pensado y diseñado por las integrantes del grupo OliLu, con la experiencia y el rigor de su profesión, pero también su calidez y compromiso como madres. Aquí abordan la alimentación para chicos desde un punto de vista conceptual y completo. Además incluyen recetas de Natalia Kiako.

Lo más importante que hay que saber para empezar es que los alimentos complementarios no son lo más importante para alimentar al bebé. Hasta el año, la leche de la madre cubre sus requerimientos nutricionales. De hecho, es muy importante que la alimentación no la desplace.

El inicio de la alimentación complementaria conlleva un desafío enorme para toda la familia. Para que sea exitosa, tal como sucede con el amamantamiento, la comida debe estar disponible, respetando el deseo instintivo natural del bebé. Esa es la clave para un comienzo sano y placentero. Existe una enorme cantidad de teorías sobre cómo empezar a introducir los grupos alimentarios a la dieta. Hay preparaciones, cantidades que tiene que comer, utensilios que aparecen de pronto en una mesa infantil que surge completísima como por arte de magia. Nuestra primera –y única– recomendación es cambiar todas esas teorías llenas de papillas y preocupaciones y empezar a prestar atención al único protagonista de este momento. ¿Cómo? Registrando sus ritmos, intereses y habilidades. Y todo eso puede hacerse con la tranquilidad de que el bebé tiene todos los nutrientes garantizados con su alimento principal: la leche.

La Organización Mundial de la Salud, al igual que la Sociedad Argentina de Pediatría, recomienda que todos los bebés comiencen con la introducción de alimentos sólidos alrededor de los seis meses. El fundamento de esta recomendación nada tiene que ver con la calidad de la leche a esa edad, ni tampoco significa que esta deje de ser suficiente alimento para el bebé. De hecho, la leche que produce una mamá a los seis meses es nutricionalmente idéntica a la que generó siempre. La leche materna es el alimento más completo y nutritivo para bebés y niños, casi indefinidamente.

Aunque el aparato digestivo ya está maduro para procesar sólidos, el aumento de los requerimientos nutricionales es gradual y progresivo. Entonces, lejos de estar en tiempo de largada para una situación apremiante –“¡tengo que garantizar que coma porque si no, no va a tener los nutrientes necesarios!”–, el segundo semestre nos pone frente a una riquísima ventana de oportunidades. Curioso y más maduro, con una microbiota más asentada, el bebé está dispuesto a explorar y aprender y desarrollar las habilidades necesarias para cuando la leche materna realmente no sea suficiente para satisfacer sus requerimientos.

Entre los cambios de esta etapa, el bebé está en proceso de perder el reflejo de extrusión, que le permite expulsar cualquier sólido y alimentarse sólo a través de la lactancia. A la vez comienza a adquirir habilidades motoras fundamentales: se sienta en forma autónoma, coordina cada vez mejor con sus manos y empieza a dar las primeras señales de lo que luego será la motricidad fina. Además, todo le interesa: quiere agarrar, manipular, probar.

Y entonces, derribando mitos. Si la comida que el bebé empieza a descubrir no es lo más importante nutricionalmente hablando, ¿lo es educativamente? También sobre eso hay muchos mitos que han ido creciendo alrededor, y que no contribuyen con el mejor acercamiento a los alimentos, más bien todo lo contrario. La realidad indica que tampoco deberíamos nombrarlo como educativo. Comer no es un aprendizaje racional, como lo es un segundo idioma, jugar a la pelota o andar en bicicleta. Comer es un hito madurativo dentro del desarrollo de los humanos. Es un proceso que se adquiere conforme a la imitación, la observación y el despliegue de habilidades propias, sucesivas y escalonadas. Más parecido a caminar, o a hablar, lo que es fundamental es que exista para el bebé la oportunidad de ejercitar su habilidad innata. La exposición a los estímulos adecuados le va a permitir ir adquiriendo solo los diferentes estadios. En un comienzo comer no significa tragar. Es explorar, descubrir, escupir, experimentar con todos los sentidos, hacer arcadas, vomitar, ensuciar, jugar. No hay una cosa más importante que la otra: todas son instancias fundamentales en este desarrollo.

Entonces, es preciso reinterpretar la edad cronológica como una etapa oportuna de comienzo. No es fundamental ni obligatorio que coma “sí o sí”. Lo que resulta importante es que tenga acceso a experimentar durante el inicio de su alimentación para que pueda ir desarrollando todas las habilidades que usará más adelante. Es importante que pueda descubrir y familiarizarse con distintos sabores y texturas, que lo habiliten a ir de a poco tomando confianza con frutas, verduras, cereales… con aquellas comidas que serán su principal fuente de nutrientes.

 

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