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En esta crónica descubrirás cómo logré encontrar un espacio de entrenamiento, alegría y amor con la persona más cercana que tengo en el mundo.

Mi marido, que en mi opinión está necesitado ¡urgente! de realizar pilates, (y en la opinión de su fisioterapeuta… En un estado general de falta de estiramiento) se dio por vencido después de ocho años… y realizó una clase de pilates conmigo. Por qué ha tardado tanto no tiene que ver con que sea escéptico, ni tampoco porque piense que pilates sea solamente para mujeres. La razón es mucho más simple…El tiempo no nos lo ha permitido.

 

Pocas veces nuestros horarios coinciden y mientras que él ha orientado su entrenamiento en correr yo he me he enfocado en mi propio entrenamiento, mi educación y mis clientes. Desde hace poco, los gajes del oficio empezaron a mostrar sus primeras huellas y demasiadas horas trabajando como cocinero sumado el estrés y tensiones, recayeron literalmente sobre sus hombros. Así que me dije a mi  misma:  “Puedo ayudarlo, por fin llegó la hora de compartir lo que es mi pasión más grande y mi sustento… Pilates”

 

La situación es más o menos esta: Estamos parados cada uno en su colchoneta en nuestro salón y como siempre, empiezo mis clases con la respiración.

 

Le pido que cierre sus ojos y visualice cómo el aire toma su camino entrando por la nariz para llegar a los pulmones que se expanden hacia los costados y hacia la espalda. Estamos llenándonos de energía.

 

El aire sigue su camino saliendo por la boca. Los pulmones empiezan a comprimirse cuando los músculos se hacen cargo del trabajo y se circundan sobre ellos. Hacemos esto un par de veces.

 

Son muchas las cosas a tener en cuenta pero el foco siempre está en la respiración. Si te pierdes, sigue respirando.

 

Sé que para muchos, este puede ser un momento sensible, de conexión y de gran carga emocional. Veo que mi marido lucha contra las lágrimas que bajan a través de su mejillas y le digo que las deje caer.

 

Bajamos a la colchoneta y aunque hay momentos de frustración por todo lo que es nuevo, dejamos que la risa sea parte de nuestra sesión cuando él se siente algo torpe por su lucha con el equilibrio. También reímos cuando yo mezclo castellano, inglés y sueco en un momento de confusión al explicar los movimientos y ejercicios.

 

Quizás yo también estoy algo nerviosa al mostrar mi faceta profesional delante de la persona más cercana, puede pasar.

 

Durante los últimos diez minutos dejo espacio para hacer estiramientos. Gotas de sudor caen desde nuestras frentes a las colchonetas. Son otro tipos de lagrimas de las que cayeron anteriormente pero que cumplen la misma función: Afloran los que hemos soportado durante un tiempo y crean espacio para algo nuevo.

 

Para mi suele significar libertad y alivio, y quizás para nosotros significa el comienzo de compartir una hora de pilates juntos, él y yo…En un nuevo espacio.

 

Terminamos por hoy. Recuesto mi cabeza en el pecho de mi marido, y siento alivio cuando comparto la carga de las pautas y el estrés que llevo conmigo como instructora y ser humana.

 

Como respuesta…Me abraza cariñosamente. Nos quedamos quietos en el suelo, y después de un breve momento quedamos dormidos. Algo más seguros y más cercanos en comparación a una hora atrás.

 

Para mi entrenamiento personal, mi perra Chia me ha enseñado a no ser tan disciplinada conmigo misma. De no enfocarme tanto en las metas. No me cuesta entrenar aunque mis sesiones pueden volverse algo rutinarias. Mi perra hizo de estas sesiones, un momento de relajación y alegría. “Chia” ve mis movimientos de manos como una invitación a entrenar…Juega y si hago la posición de puente para entrenar equilibrio, a ella le parece un momento adecuado para subirse a mi estómago. En estos momentos es imposible no tomar una pausa para reírse y hacerle caricias.

 

Deja que el entrenamiento sea parte de tu día a día, y que la risa sea parte de tus sesiones. Acuérdate… Una risa alarga la vida y las carcajadas que nacen de momentos espontáneos pueden llenarte de esos gratos recuerdos que conforman nuestra vida.

 

Salud y alegría
Julia

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Julia Liedbergius Silva

Instructora de pilates y inspiradora de #yourpuravida at juliaspilates.com
Julia es la ex bailarina que ama el movimiento en general y el pilates fundamentalmente. Enseña pilates y también escribe columnas para varios portales de web tanto como en Escandinavia y Sudamérica. Su pasión por el pilates le hace cruzar los continentes con la esperanza de cambiar el concepto de salud y hacer entender a la gente que con su propia fuerza pueden cambiar su bienestar al conciliar el cuerpo, mente y alma.

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