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La vida moderna nos lleva a vivir a un ritmo vertiginoso. Subestimamos el valor o la importancia de saber cómo o cuándo detenernos a escuchar las señales de nuestro cuerpo y los síntomas del estrés.

La mayoría de nosotros lleva un ritmo vertiginoso durante el año. Esta rutina en la que caemos se reparte entre el estrés del trabajo, el gimnasio, las reuniones sociales o familiares, las demandas de los chicos, los mensajes del celular…En definitiva, la exigencia de estar siempre ocupados y divertidos. Nuestra vida cotidiana muchas veces nos hace caer en automatismos y creencias falsas que llevamos a la práctica sin prestar la más mínima atención. Así nos vamos descuidando e ignorando nuestras necesidades.

 

En este afán por hacer, hemos subestimado el valor y la importancia de saber cómo y cuándo parar. Así, nuestro cuerpo nos va dando síntomas de estrés, que comienzan como sutiles mensajes que podemos captar a través de la percepción o determinadas sensaciones. Luego su intensidad va subiendo y se transforman en conductas, muchas veces compulsivas, reactivas o sintomáticas, hasta que finalmente se manifiesta como una enfermedad si no lo atendemos.

 

¿Cuántas veces nos ha pasado con el auto? Sabemos que tenemos que pararlo para hacerle un service, poner aire a las cubiertas o atender a algún ruido extraño pero sin embargo lo postergamos porque siempre hay algo más urgente o más importante que hacer. Siempre le estamos exigiendo un poco más, sin tomar en cuenta el desgaste que esto implica.

 

Todos estamos expuestos al estrés, de hecho esta es una forma saludable y normal de responder a los cambios y desafíos que propone la vida. Sin embargo cuando sometemos al cuerpo a elevados niveles de estrés y no paramos, todo el sistema comienza a colapsar.

 

En cambio, cuando nos detenemos a mirar a nuestro alrededor y a nosotros mismos, tenemos la posibilidad de ver con mayor claridad y escuchar esas señales sutiles del cuerpo que de otra manera pasarían desapercibidas. Nuestro cuerpo tiene la oportunidad de poner en funcionamiento mecanismos de autorregulación, reparación y regeneración.

 

Es importante que podamos organizarnos y decidir cuándo vamos a parar. Saber si le vamos a dar a nuestro cuerpo uno o quizás dos días, ¿Por qué no una semana para recuperarse? Cuando logremos iniciar dando este primer paso (las vacaciones son un gran momento para realizarlo) vamos a comunicar a los otros que estamos en este proceso, de manera tal que no tengamos que responder a otros compromisos más que al primordial, el que tenemos con nosotros mismos.

 




Liz Alcalay

Liz Alcalay

Psicóloga y Terapeuta at Liz Alcalay
Como terapeuta integrativa mi atención está enfocada en crear las mejores condiciones posibles para que cada persona pueda desarrollar su pleno potencial. Soy Licenciada en psicología (UBA), tengo un postgrado en Actualización en Psicopatología con enfoque Cognitivo (Universidad de Favaloro), realicé un curso anual en Psiconeuroinmunoendocrinología del Estrés (Universidad de Favaloro) y curso una Maestría en Psiconeuroinmunoendocrinología (Universidad Favaloro). Soy Instructora de Meditación de la Conciencia Pura y Mindfulness. Tengo experiencia de más de 20 años como terapeuta individual, grupal y vincular. Coordino grupos de meditación y un Círculo de Mujeres orientado a la sanación del femenino herido y la recuperación de su gran potencial creativo.
Liz Alcalay

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