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Quién no quisiera poder controlar una reacción de enojo profundo y cambiarla por un sentimiento de entendimiento? Existen ejercicios y prácticas para tratar de neutralizarlas, acallarlas, transformarlas, contenerlas, cobijarlas.

Debo confesar con pena que me siento muy calificado para hablar de la ira: es una vieja amiga con la que convivo desde mi infancia. Fruto de quedar atrapado en enojos furibundos, tengo un agujero en una puerta por un puñetazo, un volante de auto roto y un equipo de música partido al medio.

 

¿Cuándo aparece la ira?

Cuando sentimos que algo o alguien arruina nuestros planes, nos obstaculiza, o consideramos que lo que nos sucede es injusto en relación a cómo creemos que deberían ser las cosas. Esto nos da impotencia y nos pone agresivos.

 

Obviamente, con esto no quiero implicar que siempre debemos responder como monjes zen. Muchas veces realmente estamos en peligro y la ira es útil. Otras, alguien nos hizo daño y en ese caso lo mejor es expresar nuestro enojo y quizás no ver más a esa persona.

 

Con el tiempo aprendí a controlar la ira, a canalizarla, a tratar de que no me tome.
No siempre lo logro, pero soy un buen aprendiz en el manejo de la ira.

 

Técnicas para aliviar la ira

Modificar el ritrmo de nuestra respiración: la ira viene acompañada de una respiración corta y continua. La idea es tratar de respirar hondo, amplio y profundo.

Modificar nuestro cuerpo:  normalmente nuestros brazos y manos se tensan, el puño se cierra. Lo recomendable es tratar de relajarlos.

Si estamos muy enojados: podemos saltar, correr, mover los brazos o realizar alguna actividad física para descargar la adrenalina.

Súper importante: si bien el mito urbano sostiene que a la ira hay que dejarla salir con violencia (esta la imagen esa de un tipo con un bate de baseball descargándose), está demostrado que eso no sólo no hace que la soltemos, sino que la potencia. Es cierto, a la ira hay que dejarla salir, pero sin violencia. La forma de soltarla es expresándola verbalmente y sin agresiones, manifestando qué cosa nos está doliendo y cómo nos estamos sintiendo. Sin juicio, sin descalificación y sin violencia.

Muchas veces hay que reclamar a quien creemos que nos causó un daño, porque quizás ese daño no fue voluntario. También corresponde si así lo sentimos, pedir que este daño sea compensado.

Es muy útil observar con detalle nuestra ira, entender qué es exactamente lo que nos enoja y por qué Además de ser una manera de conocernos mejor, recordemos que cuando analizamos una emoción, la misma pierde intensidad. ?

Una técnica budista consiste en imaginarnos que esa ira es un fuego y tratar de enfriarlo con compasión y amor.

No se olviden del humor. Reírnos, por ejemplo, de cómo pretendemos que sean las cosas (que no haya nada de tránsito cuando volvemos del trabajo) puede ser una manera de relajarnos y aplacar el enojo.

 

*Extraído del libro Lunes Felices de Diego Kerner por Editorial Kier

 

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Diego Kerner

Managing Partner at The Brand Gym
Autor de Lunes Felices, Instructor en Green Vivant Cursos, Coach, aspirante a samurai.

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