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¿Alguna vez te sentiste libre de pensamientos negativos, libre y cómodo en tu cuerpo, enfocado, empoderado y livianamente feliz? Así me siento yo, desde que probé Strala Yoga.

 

Hace varios años que hago yoga. Lo hice de niña con mi abuela, practiqué otras técnicas orientales como el Taichi y finalmente me hice instructora de Yoga. Me gusta pensar que hay tantos estilos de yoga como personas hay en el mundo, y yo no paré hasta encontrar el mío. Siempre fui una rebelde, me gusta saber el porqué de las cosas y no sigo tradiciones a no ser que estén íntimamente ligadas a una creencia o vivencia personal. Con Strala fue amor a primera vista.

 

Strala propone algo radical en el mundo del yoga occidental: no se enseñan posturas. En las clases se guían movimientos, que van encadenados unos a otros a través de la respiración, y las posturas son meros puntos de libre exploración y pasaje. No se trata de llegar a ningún lado ni de pelearte con tu cuerpo porque no es lo suficientemente flexible o fuerte. Se trata de encontrar tu propia forma, una que venga de adentro hacia afuera, entendiendo que donde estás es el mejor lugar para partir. Prima la idea de moverse con facilidad, de la manera que encuentres más suave para tu cuerpo, utilizando el movimiento natural del mismo y bajo el lema: si no se siente bien, no lo hagas. Tira abajo la creencia de que sino hay dolor no hay ganancia. Por el contrario, te invita a que te muevas sin esfuerzo, sin empujar ni crear tensión extra. El resultado es increíble: una conexión profunda de tu cuerpo-mente que se irradia a todos los aspectos de la vida.

 

Strala me abrió los ojos. Estaba practicando yoga de la misma manera que practicaba todo en mi vida. Bajo la lupa de la exigencia. La primer clase de Strala a la que fui, yo parecía un robot. Queriendo pasar de postura a postura haciendo movimientos antinaturales para mi cuerpo y tratando de encajar en formas que me dejaban peor de lo que había venido. Y si bien me iba relajada, después de tanto movimiento forzado, no tenía conexión alguna con mi cuerpo y los pensamientos exigentes se abarrotaban en mi cabeza.

 

Todavía recuerdo a la perfección mi primer clase con Tara Stiles (su creadora) en Nueva York. Me puse a llorar en el momento en que me dí cuenta de que en vez de pensar en si el brazo estaba justo en diagonal y mi pie a 45 grados y si estaba apretando la panza y encima me tengo que relajar y respirar, estaba más  atenta a cómo me sentía, más atenta a mi cuerpo y por ende todo lo demás estaba fluyendo. Me sentí libre. Porque este es el aprendizaje más grande que trae Strala. El yoga viene de adentro, no puede ser impuesto, ni copiado, ni forzado y como tal tiene una forma única de expresión en cada persona que lo practica. Cuando estás conectado con el sentir, tu alineación viene sola.

 

En abril del 2015 me convertí en la primer guía de Strala yoga en Argentina. Y puedo decir con certeza que fue una experiencia transformadora. Strala significa irradiar luz y es la práctica de la fluidez en el mat y en la vida. En las clases de Strala no hay sahumerios, ni gurúes, ni palabras en sánscrito. Pero no falta la música, la buena vibra y las risas. Porque sobre todas las cosas, la idea es que te sientas bien y te diviertas, porque sino, cual es el punto?

 

El concepto de ser guía y no profesora también cambió la forma en que doy las clases.  A Tara le gusta decir que ser guía es como ser el capitán de un barco, estás ahí cuidando de todos y guiándolos hacia su interior para que se den cuenta de lo maravillosos que son. Pero nunca  dices cómo debe ser o cómo se deben sentir. Simplemente dejas que cada uno experimente su propio viaje… y disfrute el camino.

 

La filosofía detrás de Strala cambió la forma en que llevo mi vida. Mis dolores crónicos se esfumaron. No más dolores de muñecas, ni de cuello ni de espalda. No más pelearme con mi cuerpo y focalizarme en lo que está mal o lo que me falta. No más exigencias mentales. Ahora voy a la vida como voy a yoga: con una sonrisa, con mi intuición a flor de piel y fluyendo libremente sabiendo que así como soy yo es mi vida y es mi práctica de yoga. Única e irrepetible.

 




Daiana Chami

Primer Guía de Strala Yoga en Argentina at Daidharma
Daiana es multifacética y una apasionada de todo lo relacionado al desarrollo del potencial humano. Docente y Drama teacher, Yogaterapista e Instructora Internacional de Yoga niños y Strala Yoga, siempre se guió por el ferviente deseo de ayudar a otros a sacar la mejor versión de ellos mismos. Actualmente da clases de Yoga para adultos y niños en su espacio Yoga Daidharma, capacita docentes para dar Yoga en las escuelas, y da a conocer Strala Yoga Argentina.

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