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Para algunos hacer ejercicios es parte del juego. A otros les resulta aburrido. Si te animas a probar, jugar y divertirse a la vez con tus hijos puede tener geniales beneficios!

Pasar tiempo con tus hijos y motivarlos a que se ejerciten y se diviertan es una forma de contribuir a su salud y bienestar. Es muy importante hacer actividades como algo divertido, ya que de esta manera los niños lo verán como una forma de juego y querrán practicarlo con más frecuencia.

 

Bailar

Una de las formas más fáciles de hacer ejercicio con tus hijos es poner música alegre y empezar a bailar con ellos. Está comprobado que el baile es una actividad que ayuda a controlar la mente y el cuerpo de problemas como el estrés, la ansiedad, la tristeza y muchos otros síntomas negativos que se pueden presentar en el día a día.

 

Bailar es una de las actividades más provechosas sin necesidad de caer en las rutinas deportivas que suelen ser bastante aburridas para algunos. Les enseñarás un buen hábito que les hará desarrollar destrezas en el futuro.

 

La danza implica un movimiento constante que ayuda a mejorar la flexibilidad del cuerpo y además, prevenir problemas como el sobrepeso y la obesidad. Bailar con tus hijos mejora sus hábitos alimenticios, los mantiene en estado físico y el hecho de practicar pasos repetitivos y coordinados, es algo que estimula su desarrollo psicomotor. También, eleva la autoestima, ya que puedes destacar sus cualidades y darles una imagen positiva sobre su cuerpo.

 

Estudios demuestran que el baile ayuda a que los niños se recuperen de un problema emocional significativo como la pérdida de una mascota o un ser querido.

 

Bailar frecuentemente durante más de media hora es ideal para mantener un peso sano, fortalecer los músculos, mejorar la elasticidad, prevenir enfermedades del corazón, mejorar la circulación. Y sobre todo, les permite sentirse más alegres, liberando la energía acumulada durante el día.

 

Caminar

Pasear por el campo o el parque con los niños es una forma fantástica de hacer ejercicio y disfrutar de la naturaleza. Puedes llevarte al bebé a hacer rutas sencillas de trekking desde muy pequeño, en una mochila o con un fular portabebés. A medida que tu hijo crezca, tendrás que buscar rutas practicables con un carrito de bebés, si no quieres que tu espalda se resienta.

 

Otros detalles en los que conviene fijarse para elegir una ruta de senderismo con niños son si hay un área recreativa o un restaurante; si puedes dejar el coche cerca del lugar en el que empieza la ruta o, en las rutas largas, si se puede dejar un coche al final de la ruta para no tener que desandar el camino después.

 

Para los niños que ya caminan y son más grandes, puedes proponer metas que sean juegos. Por ejemplo, puedes armar de antemano una búsqueda del tesoro en un parque o plaza, que tenga un recorrido suficiente para que no se canse. Siempre utiliza la herramienta del juego para motivar su movimiento y busca crear alguna ruta o camino que lo mantenga activo.

 

Si son de mayor edad, puedes ponerle título a las caminatas, como “la charla de los jueves”, “buscar la hoja violeta”, cuestiones que hagan del paseo un disfrute y un ejercicio a la vez. Que quieran volver a esa actividad cada semana, sabiendo que ese día tienen tu compañía, atención y charla asegurada.

 

Bicicleta

Si lo que te gusta es la bici, puedes andar en bicicleta con niños desde que son muy pequeños. En el mercado existen todo tipo de asientos y remolques para llevar a los niños en bici: desde las sillitas delanteras, que se ponen justo detrás del manillar y están indicadas para niños de 9 meses a 3 años, hasta las sillas traseras, óptimas para niños de 3 a 10 años.

 

Pero si además de incitarlos desde bebés al aire libre y el deporte, ya ves que puede valerse por sí mismo. Elige el vehículo que más le guste; triciclo, moto de juguete, pata-pata, bici con rueditas. Y pon distancias para “jugar a las carreras”. Verás que juntos podrán hacer en pequeños tramos un recorrido en ruedas y a la par. ¡Usa la imaginación!

 

Yoga

Sabes que el yoga potencia el equilibrio, la flexibilidad y el desarrollo psicomotriz, además de la concentración y la relajación. Si quieres iniciarte con tu hijo, lo mejor es asistir a un curso con un profesor cualificado.

 

Los niños pueden empezar con el yoga a partir de los cuatro años, cuando son capaces de entender las posturas y ejercicios y mantener cierta concentración. Hasta esa edad, puedes ir a clases de yoga para ti en las que tu hijo pueda permanecer en la sala e ir empapándose de esta filosofía.

 

Pero otra forma de que ya empiecen a moverse dentro de estos parámetros es jugar a respirar. Verás que hay videos y paso a paso en internet que pueden guiarte para que tomes posturas y respiraciones, los transformes en un juego no más de 15 minutos. Ya que más perderá tu atención.

 

El hecho de tener las colchonetas al alcance en tu hogar ya es un paso para que se familiarice con la armonía y el espacio que propone el momento de hacer yoga en conjunto.

 




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