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Las opciones son tantas, las verduras tan frágiles y la heladera tan llena de cajones que a veces nos mareamos y no sabemos qué ni cómo cocinar los vegetales para potenciar sus propiedades. Pongamos un poco de orden que nada se desperdicia. Todo tiene su mejor momento y más aún en verano.

A veces lo que más cuesta para cocinar en casa es el asunto de la planificación. Qué compras hacer y cómo elegir opciones saludables ya es un dolor de cabeza… pero una vez que tenemos la heladera más o menos llena de frutas y verduras, ¿qué hacemos para aprovecharlas? He aquí la cuestión.

 

Hay muchas notas acerca de lo bueno que es comprar frutas y verduras de estación. En síntesis: es más barato, más natural y los productos son los más sabrosos. Ahora bien, cuando ya llegamos a casa con kilos de tomates bien ricos y frutillas hermosas conseguidas por monedas, si no sabemos qué podemos hacer terminamos peleándonos con nuestras compras. ¡No hace falta! El caminito para aprovechar mejor la fruta y la verdura suele ser casi siempre el mismo:

 

– Tratar con cariño tus compras apenas llegan a casa. Si guardás todo despreocupadamente, lo más posible es que encuentres un rabanito arrugado varias semanas después y las zanahorias tristes y blandas cuando ya no dan más en esta vida. Recibí la verdura con amor, guardala limpia y organizada para que ella te espere lista en los días que vendrán.

 

– Cuando están recién compradas, frescas y en su mejor punto, lo ideal es comer cruda nuestra fruta y verdura. Y no sólo eso: para apreciar toda su plenitud, pongámosles la menor cantidad de adornos posibles. Una frutilla en su mejor momento merece que la lavemos justo antes de comerla y no necesita nada más que nuestra atención. Ni azúcar, ni nada. Un tomate perfecto va a lucir toda su perfección con apenas un hilo de oliva y sal.

 

– Pero claro, al día siguiente probablemente todavía tengamos un montón de lo mismo. Acá nos empezamos a divertir en la cocina. Aunque todavía estén frescos, quizás ya nos aburrimos de comerlos al natural o puede pasar que ya no tengan la misma intensidad de sabor. ¿Entonces? Busquemos recetas donde incluirlos aún sin demasiada cocción, para disfrutar todos sus nutrientes. Podemos por ejemplo hacer una tarta donde las frutillas estén crudas, la ya mencionada ensalada exótica con rúcula y balsámico o brochettes de fruta con un hilito de chocolate. ¿Y el ejemplo de los tomates? Podríamos rellenarlos con lo que más nos tiente, hacer sopas frías como un buen gazpacho (sopa fría de tomates) o acompañarlos con alubias, ajo y brócoli…  mezcla que puede transformarse rápidamente en guarnición de pastas o coronar una tostada integral.

 

– ¿Y aún después? Ah, las posibilidades no se agotan, ni mucho menos. Aquí empezamos a cocinar los vegetales como para que no se desperdicie nada y el sabor original de cada cosa vuelva a brillar. Las conservas más clásicas lo son con todo argumento: hacer mermeladas o chutneys es buena idea… pero no la única! Siguiendo con nuestros ejemplos, en el caso de la frutilla podríamos hacer unos helados de palito sencillísimos y duraderos, ya que el freezer es tan amigo como el frasco esterilizado y la cocción larga para estirar plazos. ¿Y el tomate? Podría transformarse quizás en una salsa al horno espectacular con mínimo trabajo.

 

Este itinerario funciona perfectamente para tomates y frutillas pero claro: hay otros ingredientes que se retoban un poco más ante el paso del tiempo. Los ayudo a definir algunos casos de los más delicados.

 

– Con las verduras de hoja el tiempo es más inclemente que con ninguna otra cosa viva. Guardémoslas en la heladera, bien limpias y en recipientes herméticos. Empecemos con ensaladas verdes justo después de la compra, y luego siguen las opciones: podemos hacer pesto (no sólo de albahaca: también de rúcula, de espinaca, de kale!) y hasta rellenos de tartas o pastas (por ejemplo, con verdes al vapor y ricota o tofu procesado).

 

– Las zanahorias se van ablandando con el tiempo, después de las ensaladas vendrán los salteados y las salsas, las mayonesas veganas y por último los budines, dulces o salados, que nadie se resiste a una carrot cake.

 

– Una montaña de brócoli o coliflor a punto de desfallecer? No los dejes. Mucho mejor transformarlos en un súper pan chato saludable

 

Siempre el mismo orden, como verán es fácil de recordar: empecemos comiendo sólo y simple, luego crudo y en un plato, y al final cocinamos o conservamos. Antes de darte cuenta, llenaste tus platos de fruta y verdura y (lo más importante) de comida casera, consciente, hecha con tus propias manos. ¿Hay algo mejor?

 

¡Buen provecho!

 

 




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Natalia Kiako

Fundadora at Kiako, the cook
Autora del libro "Cómo Como": Un manual de autoayuda en la cocina saludable (Sudamericana) y del blog de recetas Kiako, the cook. Codirige Kiako-Anich (comunicación hecha con textura) y colabora periodísticamente en temas culturales y gastronómicos con medios como Revista Brando, GreenVivant y muchos otros. A la sazón es Licenciada en Letras, mamá de Julia, corredora bajo perfil y curiosa como un gato.
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Comentarios

  1. […] Nada se pierde, todo se transforma: cómo aprovechar mejor los vegetales frescos […]

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