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Escuchar el cuerpo y reconocer las distintas fases del ciclo menstrual puede ayudar a prevenir molestias y enfermedades.

Una mujer menstrúa aproximadamente durante 45 años en su vida fértil. Tomando como promedio, 5 días menstruales al mes, en un año son 60 días y en 45 años serán 2700 días.

 

Es decir que una mujer pasa 7 años y medios de su vida sangrando. Sin embargo el mercado ha desarrollado más variedad de productos para limpiar pisos y quitar manchas que elementos para usar durante el ciclo menstrual, ese período vital y esencial en la vida de una mujer.

 

Los protectores y tampones absorbentes son las únicas opciones de uso masivo en el mundo. A pesar de que generan basura no degradable y se fabrican con sustancias potencialmente tóxicas y riesgosas para la salud como el asbesto y la dioxina.

 

La copa menstrual re-utilizable existe desde 1930, sin embargo no ha tenido la misma difusión que los productos descartables a pesar de ser una alternativa amigable con la salud y el medio ambiente.

 

¿Cuál es la razón por la que el ciclo menstrual no es un tema que nos ocupe?

 

Sin dudas hay cientos de teorías de consumo, de oferta y demanda que lo explicarían. Pero existe una razón mucho más poderosa que la lógica del mercado y es que en nuestra sociedad menstruar es tabú y por lo tanto, no darle visibilidad al ciclo es “lo que va”, lo que naturalmente realizamos todos, consciente o inconscientemente.

 

Los productos desechables invitan a “hacer como si nada”. El mensaje central de un comercial de tampones, protectores o analgésicos es el mismo: “si estas en esos días, que no se note”

 

SER CÍCLICA –  SER MUJER

 

Sin embargo, en el cuerpo de las mujeres fértiles ocurren fenómenos muy importantes como para ignorarlos.

 

Todos los días, no solo durante la menstruación, una danza de hormonas atraviesa y modifica nuestro mundo. Estrógenos y progesterona se turnan en un ritmo incesante y son los responsables de diferentes cambios.

 

Fase folicular (del 1º día de sangrado a la ovulación): Aumenta el estrógeno y la hormona folículo estimulante hace madurar los ovocitos hasta la ovulación.

 

Fase lútea (desde el día de ovulación al sangrado): Se activa la progesterona, aumenta la temperatura del cuerpo y la hormona luteinizante mantiene el óvulo fértil para la concepción.

 

Durante este período nuestro útero también se modifica: Al finalizar el sangrado comienza a crecer el endometrio con la fuerza capaz de albergar un nuevo ser humano. Si no hay fecundación, envejece gradualmente por 14 días, hasta caer junto a la sangre menstrual, limpiando las paredes uterinas, dejándolas listas para el próximo ciclo.

 

El ánimo también cambia en cada fase: Podemos desplegar nuestra creatividad  y profunda intuición en las fases “pre-menstrual y menstrual”. O por el contrario, podemos pautar reuniones, negociaciones y vida social en las fases “pre-ovulatoria y ovulatoria”, en las que vamos a disfrutar más y caminar con firmeza hacia nuestros objetivos.

 

Reconocer este ritmo cíclico es como activar un GPS interno que nos va guiando en cada semana del mes.

 

ESCUCHAR EL CUERPO:

 

El útero es el órgano encargado de recordarnos nuestra naturaleza femenina. Si bien las mujeres hemos demostrado que podemos con todas las exigencias profesionales y personales a la vez, vivir sin escucharlo, a veces puede enfermarnos.

 

Hoy cientos de mujeres padecen ciclos dolorosos y abundantes, miomas, fibromas, endometriosis, infertilidad, dificultades para parir, menopausias molestas, histerectomías, etc. Entonces es tiempo de registrar las necesidades de cada fase, adecuando desde la alimentación hasta la actividad física y el descanso con nuestras hormonas.

 

¿Por dónde podemos empezar a tomar conciencia “cíclica”?  

 

1. Llevar una agenda lunar, en el que diariamente anotemos lo que sucede en nuestro cuerpo-mente-emociones y vínculos. Hacerlo durante tres meses, como mínimo, nos dará una idea de lo que se repite mes a mes.

 

2. Aprender a identificar la ovulación, con estrategias naturales, como la observación del flujo y el registro de la temperatura corporal.

 

3. Implementar el uso de la copa menstrual, para tener otro contacto con nuestra sangre. La menstruación opera como un sistema de desintoxicación del cuerpo. Aprender a observar la cantidad, textura y color que es habitual en nosotras, nos permite hacer una consulta médica oportuna, ante cualquier anomalía.

 

4. Cambiar las creencias respecto a la menstruación: La sangre menstrual tiene células madre y su estudio se profundiza en todo el mundo. No es un desecho contaminante, es fuente de vida y de valiosa información.

 

Cambiando hábitos, comenzaremos a usar la sabiduría cíclica femenina a nuestro favor.  Ocuparnos de nuestro ciclo menstrual, visibilizarlo, es mucho más rico que ponernos un pantalón blanco y “en esos días, hacer como si nada”. Compartir este saber con otras mujeres, conversarlo con las niñas, ponerlo en palabras está en nuestras manos y es parte de un poderoso cambio.

 

Florencia Mallagray 

Mama, abogada, periodista y doula. Coordinadora de talleres de sabiduría cíclica femenina. Co-creadora de Qespikuy-Dar a luz: Gestación, parto y crianza. Iniciadora de la copa menstrual Maggacup. Jujuy – Argentina.

www.maggacup.com.ar

 




Otras Fuentes

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