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¿Tus hijos sólo quieren comer golosinas? El nene “no te come” la verdura o se niega a la fruta fresca? No creas que está en su ADN rechazar la comida saludable. La razón está en otro lado…

Parece ser un problema universal de todo padre y madre sobre la faz del planeta: un dolor de cabeza post moderno llamado “El nene no me come”. A propósito, así se titula un libro muy bueno al respecto, búsquenlo en Google. A medida que se va haciendo conocido mi blog, mi libro y con ellos mi familia, recibo cada día más consultas y pedidos de socorro con la misma necesidad de ayuda para lograr que los más chicos coman de manera saludable, ya que “sólo quieren comer porquerías”, “no quieren más que pizza, pastas y hamburguesas” o “rechazan todo lo que sea verde”.

 

Pues bien, vamos a empezar con una advertencia: yo no soy nutricionista, pediatra ni experta. Lo único que tengo para ofrecer en este resbaladizo terreno es mi experiencia como mamá, y como cocinera saludable amateur con un entusiasmo, espero, contagioso. A cambio, puedo contarles que Juli tiene dos años y no deja títere (o ingrediente) con cabeza. Come de todo, su top ten de favoritos incluye pasas de uva, palta y mayonesa de zanahoria, y no se priva de nada. Espero ayudar a que sus hijos tampoco. Aquí voy.

 

Arranquemos con una verdad muy necesaria: los chicos no tienen inscripto un menú en su ADN. No es genética su preferencia por salchichas y hamburguesas, aunque sí lo es (como en todos los humanos) su predisposición a amar las dosis fuertes de azúcar y grasa. ¿Por qué? Porque la madre naturaleza quiere que tengamos ahorro de energía en nuestro cuerpo, y eso se logra con muchas calorías. También, como los grandes, los chicos entran con facilidad al mundo de las harinas refinadas, pues generan rápidamente un pico de glucosa que nos pone contentos y satisfechos… pico que pronto es seguido por un “bajón” y deseos de comer más. No hace falta ser nutricionista para saber todo esto: los invito, igual que yo, a leer un poco y aprender a formarse un criterio propio siempre que puedan.

 

Sigamos con la parte no fisiológica del asunto. Todos sabemos que la mayor parte de nuestra alimentación no está dictada por la biología sino por la cultura: lo que comemos tiene mucho que ver con dónde vivimos, quiénes nos enseñaron, y cuáles son las costumbres locales. Y sí, es cierto que el tiroteo de publicidades ofreciendo más azúcar y más grasa bajo disfraces engañosos y coloridos está a la orden del día. Pero mucho más importante aún es preguntarse: por casa, cómo andamos?

 

En la mayoría de los casos, las mamás y papás que me escriben preocupados por sus hijos admiten al mismo tiempo que ellos mismos no pueden “largar las harinas”. Que los pueden las hamburguesas o son fanáticos de las papas fritas. Y yo no vengo a reprobarlos, ni a decirles que a partir de hoy está prohibido. Pueden relajarse. No hace falta que tiren la compu a la basura, que no los voy a morder. Pero… les voy a contar el meollo del asunto, el quid de la cuestión. Lo que coman nuestros hijos se basará, en su mayor parte, en la alimentación de los adultos que los crían. Si los grandes comemos bien, los chicos, tarde o temprano, un poco más o algo menos, también lo harán.

 

No les estoy prometiendo que abandonen los panchos ni rechacen las gaseosas de aquí en más. Tampoco que a partir de entonces, les gusten absolutamente todas las frutas y verduras, y no rechacen un solo plato de cereales. Nada de eso es cierto, y mucho menos sucederá de un día para el otro. Pero el mayor esfuerzo siempre será lograr que los papás mejoren su dieta. Los chicos, en realidad, son mucho más flexibles y adaptables, aman las novedades y cuando se las presenta de una manera interesante e inteligente, responden mejor que los adultos a los cambios.

 

Y cómo sería una manera interesante e inteligente de introducir cambios en la alimentación de los chicos? Esta es la segunda parte importante, el círculo que rodea el quid de la cuestión que explicaba recién. Desterremos de la mesa las prohibiciones y los deberes, por favor, que no nos hacen ninguna gracia ni ayudan para nada. La cocina y la comida pueden ser geniales espacios de experimentación, de juego y de disfrute, pero para eso hay que poner manos a la obra. O mejor dicho, en la masa! Esto también vale para los adultos.

 

Si queremos comer mejor, lo primero que necesitamos es volver a cocinarnos nosotros mismos. Reconectar con los ingredientes, con sus aromas y texturas, acordarnos de cómo son antes de llegar al plato y así, tomar consciencia de lo que comemos de la forma más lógica. De a poco, nuestros hijos también van a ir reconociendo que la comida no nace en las góndolas del supermercado ni crece dentro de la bolsa de plástico con packaging colorido. Cocinar puede ser el mejor camino para reencontrarse, padres e hijos, con un estilo más real y más natural de alimentación. Los invito a probarlo!

 

Algunas claves para que los chicos tengan ganas de comer mejor (y un machete para padres olvidadizos):

 

– No prohIbas nada. Escuché ideas espantosas, desde poner candado a la heladera hasta privar de comidas a los hijos en los cumpleaños de los compañeros, por ser poco saludable. Todo lo que vamos a conseguir así es más deseos (de comer, y de romper las reglas). Cuando damos libertad, damos también espacio a que los chicos creen de a poco un criterio propio.

 

– No pidas a tu hijo que logre lo que no logras con tu propia dieta. Si yo sigo comiendo queso a veces, porque me encanta, no puedo esperar que mi hija Julia se prive de él (por supuesto, sí puedo ayudarla a que modere la cantidad, igual que trato de hacerlo yo!). Claro que acá hay una cuestión de sentido común, no vamos a darles vino tinto a los chicos porque lo consumamos. Pero como línea general, es el mejor criterio.

 

– Compartí la mesa y la cocina. Atenti al momento de comer, porque es muy valioso, y no podemos regalárselo a la tele o a las corridas. Lo mismo con el momento de cocinar: tratemos de que no sea ya una obligación pesada, sino un juego compartido, donde los más chicos ayuden con lo que les guste y esté a su alcance, aunque hagan un poco de lío.

 

– Aunque todo lo cultural, lo aprendido y enseñado es lo fundamental, los chicos tienen sus gustos y preferencias, y no es nuestro lugar peleárselos. Respetemos a los chicos cuando no quieren comer algo o no se animan a probar algo nuevo. Ya tendrán su momento.

 

– Paralelo, casi inverso pero real principio para los más chiquitos: los niños tienen “ventanas” de sabor, durante las cuales algunos alimentos son bienvenidos, y otros no. Cuanto más chicos son, más variables se presentan. Entonces, no asumamos nosotros que si hoy no les interesó el brócoli, mañana no les va a gustar. Podemos probar nuevamente, cada tanto, con ingredientes que antes no pasaron el filtro. Pueden sorprendernos cambiando de opinión.

 

– Si la comida no está rica, no les va a gustar. No importa si tiene frutas, vegetales y la tabla nutricional más perfecta del mundo. No les des platos desabridos, ingredientes insípidos o comida que a vos no te gustó… aprovechá la oportunidad para subir el nivel de tu cocina y aprender juntos.

 

Haciendo click aquí les dejo las recetas favoritas de los chicos según los lectores, de entre todas las que tengo. ¡Buen viaje y buen provecho!

 




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Natalia Kiako

Fundadora at Kiako, the cook
Autora del libro "Cómo Como": Un manual de autoayuda en la cocina saludable (Sudamericana) y del blog de recetas Kiako, the cook. Codirige Kiako-Anich (comunicación hecha con textura) y colabora periodísticamente en temas culturales y gastronómicos con medios como Revista Brando, GreenVivant y muchos otros. A la sazón es Licenciada en Letras, mamá de Julia, corredora bajo perfil y curiosa como un gato.
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