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Cuando decidí emprender un cambio de vida para ser más feliz, el miedo me pegó fuerte. Me proyectaba en las peores condiciones, pensaba que me iba a morir de hambre, que iba a ser un don nadie. Hay que estar muy atento, porque el miedo tiende a construir aquello que teme. Hasta que parás la pelota y te preguntás: ¿qué es lo peor que podría pasar?

El miedo como obstáculo actúa cuando no emprendemos algo que nos haría felices por temor a fallar, por temor a lo que van a decir, a perder, a dejar en evidencia que no somos los mejores.

 

Cuando decidí emprender un cambio de vida para ser más feliz, el miedo me pegó fuerte. Me proyectaba en las peores condiciones, pensaba que me iba a morir de hambre, que iba a ser un don nadie. El miedo te coopta y se hace extremo e irracional. Hay que estar muy atento, porque el miedo tiende a construir aquello que teme. Hasta que parás la pelota y te preguntás: ¿qué es lo peor que podría pasar?

 

Primero tenés que anclarte en tu deseo. Me acuerdo que armé una planilla y vi cómo se podía reconfigurar todo. Volqué todas mis actividades… muchas cifras. Uno a uno, comencé a eliminar gastos de mi cuenta familiar; me mudé a un departamento más chico, comencé a tomar vacaciones más económicas, a salir menos, etcétera. ¡Hay que bancarse esa cuenta! Pero luego de hacerla me dio mucha tranquilidad y la vergüenza que tenía al principio por las cosas que iba a abandonar fue perdiendo peso.

 

Para llegar a fin de mes necesitaba ganar supongamos 100 pesos y mi sueldo de ese momento era de unos 400. Mi realidad correspondía a la de los 400, con todo lo que eso significa, pero yo quería tiempo y eso lo conseguía pasando a ganar menos de un tercio de mis ingresos. Porque para obtener esos 300 pesos de exceso con los que disfrutaba de una “buena calidad de vida”, pagaba el enorme costo de no hacer lo que me gustaba, de no realizarme, de no ser feliz.

Al principio fue muy difícil. Tenía una enorme necesidad de demostrar que era ese “exitoso ejecutivo que hacía muy bien su trabajo” pero que ya no estaba sostenido por una carrocería dorada alrededor. Me preocupaba cómo me verían y evaluarían mi trabajo.

Con el tiempo, quizás con los años, empecé a relajarme y confiar. Pero este es un tema muy importante: la tensión es permanente, no desaparece.

 

Pensar que se puede elegir y que eso no generará un choque de intereses es una utopía que puede desorientarnos. Aunque suene a cliché, es importante saber que aun en las situaciones más complicadas siempre tenemos la posibilidad de elegir.

 

Al miedo no hay que ningunearlo; si está, nos está diciendo algo importante sobre nosotros mismos. No intentes hacer de cuenta que no está, no lo reprimas, porque eso te saca energía y hace que no te conozcas. Para poder enfrentarlo, lo primero que hay que hacer es conocerlo. Negarlo lo ampli!ca, no nos permite que lo podamos hacer jugar a nuestro favor ni aprender nada sobre nosotros. Como dice el personaje de Blade Runner: “Es duro vivir con miedo, ¿no? En eso consiste ser esclavo”.

 

Extraído del libro “Lunes Felices” por Diego Kerner, Editorial Kier.

 




Diego Kerner

Managing Partner at The Brand Gym
Autor de Lunes Felices, Instructor en Green Vivant Cursos, Coach, aspirante a samurai.

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