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La francesa Juliette Campbell-Allard emigró a Barcelona a sus 26 años, con una hija de cinco años y una profunda inquietud de entender la vida. El cariño del mar, el encanto del barrio donde aterrizó y la práctica del yoga, la acompañaron a dar un giro en su vida.




Es maestra de yoga, doula y creadora de Yoga con Gracia, un taller de yoga en Gracia – Barcelona, España –, un barrio que marca tendencia en la capital catalana. En las asanas encuentra su vínculo con la vida y, en los partos, el poder de todas las mujeres. En esta charla, nos comparte cómo el yoga puede ser algo más que una práctica – puede ser un hogar en cualquier parte del mundo – y cómo puede ayudar a mujeres embarazadas a transitar una de las experiencias más fuertes de su vida.

 

Tu historia se hila en el ir y venir. Naciste en París, viviste en el campo francés, te mudaste a Barcelona. ¿En qué rincón aparece el yoga?

 

En Barcelona, después de un accidente de coche con el que me quedé inmovilizada.

 

¿Qué te entregó la práctica?

 

Encontré los cimientos que no encontraba en mi familia, que no encontraba en mi país. Me di cuenta de que el ser humano es como una cámara analógica. El yoga es sólo el revelador para mostrar las cosas que ya están en la cámara.

 

¿En qué momento creaste Yoga con Gracia?

 

Hace diez años. Quería devolver algo al barrio donde aterricé, Gracia. Aunque este barrio me dio un hogar. Las cosas empezaron a florecer cuando empecé a vivir aquí.

 

Lo elogiaste con un don: la gracia.

 

La gracia es algo que hay que tener cuando se practica yoga. En francés, ‘gracia’ se traduce con la palabra ‘encanto’, charme. Es algo que ayuda a vincularte con los otros. Alguien con gracia aprecia lo que tiene, aprecia la vida. Alguien con gracia irradia, tiene alma.

 

Y un hogar no lo es si no tiene alma.

 

Claro. Me gusta contarlo a través de la expresión ser ‘alma de casa’, alma del propio cuerpo.

 

¿Podemos serlo?

 

Es indispensable serlo.

 

¿Cómo se consigue, practicando yoga?

 

Practicar yoga sería el primer paso. Tratar bien el cuerpo es indispensable, para verlo como un vínculo con la vida. Yo tuve que tener un accidente para darme cuenta de la necesidad de hacer estos pasos.

 

¿Cuando sabe una persona que ha encontrado su hogar?

 

Cuando tiene satisfacción, se siente completo y en paz con uno mismo. Encontrar tu lugar es cuando realmente sientes que estás donde tienes que estar.

 

¿Y, entonces, nos podemos empoderar?

 

Sí. Por esto es tan importante acompañar a las embarazadas con la práctica del yoga. Mi acompañamiento es sutil, sin hacer demasiado misticismo. Quiero ser práctica. Estas mujeres tienen poco tiempo, van a llegar a un momento crucial de su vida y la sociedad está diseñada para quitarles el poder de ser madres, para que dejen de ser ‘almas de casa’ y para poner en duda su propia capacidad de ser mujer, es decir, de parir.

 

¿Opinas que la capacidad de ser mujer se rige únicamente por dar a luz?

 

Una mujer es una mujer. Puedes tener el alma de madre en ti y nunca serlo. Pero si pasas por la experiencia del embarazo, no te pueden quitar la posibilidad de expresar este poder en todos sus sentidos. El embarazo es la máxima experiencia de conexión con un cuerpo en movimiento, que está en perpetuo cambio. Es una de las experiencias más fuertes y espirituales para la mujer.

 

Mencionas el parto como un viaje iniciático…

 

Sí, pero no es necesario pasar por misticismos. No todas parimos igual. Lo hacemos según nuestra historia, nuestra vivencia, nuestro cuerpo y según el niño que estemos esperando. Es importante poder explicar estas cosas de manera muy sencilla a mujeres que vienen al yoga recomendadas por el médico.

 

¿Cómo nació tu vocación de doula?

 

Vino a mí. Empezaron a llegar mujeres embarazadas a mi centro y tuve que adaptar las clases a ellas.

 

¿Qué haces dentro del parto?

 

Le doy apoyo emocional y físico a la madre. Mi oficio es sutil, actúo como si yo no hubiera estado. Lo que quiero es que la mujer sienta que lo ha hecho ella. De hecho, si el sistema no estuviera tan viciado, no necesitaríamos doulas.

 

Le transmites a la mujer que es alma de su casa.

 

Exacto. Y que va a poder criar a esta criatura sola, en el caso de que sea soltera. Creo que es muy importante que este tipo de madres puedan parir ellas mismas. Tienen que poder sentir que van a poder con todo, que pueden con la vida. Yo lo pude sentir. Tenía apenas 21 años, era soltera, pero no tenía ningún celo de la libertad de mis amigas. Yo había parido. Comparado con lo que venía de vivir, no tenía ni idea de lo que era la vida. Y poder transmitir esto a una mujer es devolverle el poder.

 

¿Qué ocurre con una cesárea de urgencia, la mujer pierde su poder?

 

No, porque lo puede recuperar con la lactancia. En este tipo de casos, tomo de referencia a Yogi Bhajan, el maestro de yoga Kundalini. Él decía que cuando una mujer va a dar a luz, ella hace su camino y da su máximo pero que, luego, el parto deja de depender de ella. No es su camino, es el camino del hijo y tiene que aprender a soltar. Esta es la primera lección de un parto.

 

Soltar expectativas.

 

Sí. Yo misma también aprendí a hacerlo. Ahora, ser doula se ha convertido en un acto activista, pero disfrazado.

 

De… ¿gracia?

 

Sí, tiene este punto de gracia, por supuesto. Pero, en realidad, lo que quiero es estar al inicio de la vida.

 

Crédito Fotográfico: Carmina Balaguer

 




Carmina Balaguer

Carmina Balaguer

Instructora de Kundalini Yoga y Periodista at Carmina Monton
De Barcelona, en Buenos Aires. Vivo una misión: unir cuerpo y palabra. Periodista especializada en Yoga (ESPN Yoga), Televisión (PromaxBDA) y Viajes (Viaje con Escalas). Instructora de Kundalini Yoga certificada por KRI, formada en España, Francia y Chile, especializada en Yoga para la Mujer.
Carmina Balaguer

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