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Carnívoros y veganos reclaman para sus comunidades una especial predisposición al sexo, derivada de su dieta. Pero, ¿quién gana entre las sábanas?

Me temo que para más de uno ser vegetariano es todavía sinónimo de hacer yoga, llevar ropa floja y de algodón, huir de los cosméticos como del mismo diablo, calzar sandalias en invierno y estar poco, o nada, interesado en el sexo. Por el contrario, los comedores de carne son insiders, triunfadores, buenos relaciones públicas y, al supurar testosterona, no solo piensan a menudo en el sexo, sino que son mejores amantes. Ya saben, el mito delmeat is macho (la carne es para los machotes) que, según comentaba un artículodel Telegraph, impide que muchos hombres lleven una dieta más saludable, debido a las connotaciones psicológicas que conlleva despacharse un buen entrecot, y que están estrechamente ligadas a la virilidad masculina. Sin embargo, la cosa no está tan clara y si pusiéramos en el ring sexual a un carnívoro contra un vegetariano, las apuestas estarían muy igualadas.

 

En el bando de los verdes existen numerosas razones por las que pensar que las verduras son menos castas de lo que parecen, aunque la ausencia de carne está tradicionalmente asociada a ayunos y prohibiciones religiosas y a la difícil, pero eternamente recompensada en el más allá, senda de la castidad. Muchos monjes renunciaban a la carne en toda su magnitud. Seres delgados, blanquecinos y con escasas fuerzas, que han perpetuado el estereotipo del vegetariano como personaje etéreo, blando y espiritual. A los que todavía piensen así les recuerdo que el gorila se alimenta principalmente de hojas, pero yo les recomendaría mantenerse alejados de su camino cuando tiene un mal día.

 

El argumento que más esgrimen los vegetarianos a la hora de presumir de desempeño sexual es que su dieta los aleja del temible síndrome metabólico, la conjunción de varias enfermedades o factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecer cardiopatías o diabetes, patologías que afectan, y mucho, a la vida sexual. Según Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona y directora del Instituto Iberoamericano de Sexología, “la hipertensión daña el sistema vascular. El endotelio, la capa interna de las arterias y venas, es donde se produce el óxido nítrico, que es clave para la eyaculación y para que el pene se ponga erecto. Por eso las personas con la tensión alta tienen problemas de erección, que se agravan con la medicación que toman para combatir este trastorno. La diabetes afecta también al sistema vascular y al neuronal, y su primer síntoma es la falta de erección, ya que las arterias del pene, que son muy pequeñas y más delicadas, son las primeras en acusar este daño. En el caso de las mujeres la diabetes afecta al deseo y, por lo tanto, a la habilidad para llegar al orgasmo”.

 

A pesar de que el colesterol alto, la hipertensión y la diabetes tienen consecuencias nefastas en los genitales masculinos, las mujeres siguen prefiriendo a los carnívoros.  Al menos eso es lo que dice un estudio que llevó a cabo Ayi, una web de contactos, y que revelaba que mientras los hombres eran un 13% más proclives a pinchar en el perfil de una candidata vegetariana, las mujeres eran un 11% menos propensas a buscar una pareja que renunciara a comer animales.

 

En muchos casos la decisión de dejar de ingerir carne no es tan altruista ni defensora de los seres vivos, sino más bien piensa en uno mismo y en las graves consecuencias de comer animales que han sido criados en plan industrial, atiborrados de hormonas para que crezcan más rápido y de antidepresivos, para evitar que la tristeza acabe con ellos antes de tiempo. Una carne llena, además, de la adrenalina generada por el estrés del animal. Sustancias que nos llevamos puestas tras ingerir estos productos.

 

Por su parte, los carnívoros esgrimen la teoría de que no todas las proteínas animales son fácilmente sustituibles, lo que hace que la dieta de muchos veganos pueda tener algunas deficiencias. El zinc es una de ellas, ya que este mineral que se encuentra sobre todo en la carne y los mariscos, interviene, según Molero, “en la producción de espermatozoides y testosterona. El colesterol alto es malo, pero uno muy bajo dificulta la fabricación de hormonas. Las vitaminas del grupo B son también importantes a nivel sexual, porque una carencia en este grupo puede bloquear la acción de las hormonas. Cada hormona, para que haga su efecto, debe estar unida a su receptor. Muchos de estos receptores están compuestos de vitamina B6 y de hierro. Las vitaminas de este grupo se recetan para evitar lesiones en el feto o para el síndrome premenstrual, y ayudan a reducir la irritabilidad nerviosa, proporcionan calma y son antidepresivas”.

 

La dieta vegana elimina también los mariscos con su legendario poder afrodisíaco y sus aportaciones de omega 3 y yodo, que regula la tiroides. “Un déficit de yodo afecta a la respuesta sexual y disminuye la libido, con lo que cuesta más llegar al orgasmo”, apunta Francisca Molero.

 

Evitar las proteínas animales redunda en una piel más limpia, suave y con mejor aspecto; en un menor olor corporal y en el hecho de que los fluidos corporales, entre ellos el semen, sepan mejor. Siempre y cuando el concepto de ser vegetariano no sea, exclusivamente, el de evitar la carne; ya que he conocido a numerosos anti carnívoros que se dedicaban a devorar patatas fritas del Mc Donald’s, pasta, galletas y bollos, con las funestas consecuencias que esto acarrea.

 

El año pasado los gordos pudieron presumir de sex machines gracias a un estudio que relacionaba el índice de masa corporal y el rendimiento sexual masculino, llevado a cabo por la Universidad turca de Erciyes, en Kayseri, y que argumentaba que los hombres con sobrepeso son capaces de hacer el amor durante 7,3 minutos, mientras que los que mantienen a raya la báscula llegan solo a los 2 minutos. Según esta universidad, la razón a este despropósito había que buscarla en que los hombres más pesados presentan también mayores niveles de una hormona femenina llamada estradiol, que ralentiza el proceso del orgasmo. Molero apunta que “duran más, generalmente, en los preliminares, porque cuando alguien considera que puede tener un déficit en el desempeño sexual tiende a alargar los preámbulos o a reducirlos al mínimo. El sobrepeso no es bueno para nada y menos para el sexo, porque además, una buena penetración debe tener una trayectoria en forma de ola, para lo que se necesita un movimiento de cadera y energía para poder hacerlo”.

 

De todas las teorías que he leído y escuchado sobre si los carnívoros o los verdes son mejores en la cama, la más razonable y equilibrada me parece la que se esbozaba en un amplio artículo al respecto, que publicaba el blog Oscillations. Esta fuente da a los comedores de proteínas animales un mayor deseo y ganas de sexo, pero adjudica a los que se alimentaban de productos del reino vegetal una mejor actuación en la cama, debido a que la maquinaria se encuentra en mejores condiciones. Es decir, quizás un vegetariano piense menos en el sexo, pero cuando se pone a ello lo hace a fondo. Quizás un amante de los estofados esté sobrado en testosterona, pero su dieta le pasa factura desde el punto de vista funcional.

 

¿Entienden ahora por qué una pretende conjugar lo mejor de la filosofía alimentaria de ambos mundos? Y por cierto, una última aclaración para estos dos bandos dietéticos: el sexo oral está permitido hasta en la más estricta fracción del veganismo.

 

Fuente: El País

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