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Esta semana recibí un mail de un chico de 19 años consultándome sobre las clases de Yoga. Me preguntaba si tengo un grupo especial ” para Jóvenes”, porque él no quería compartir su practica con “gente mayor”. Su mail me recordó tanto a los prejuicios que yo tenía antes de empezar este camino… más o menos a su edad.




¿En qué andaba yo antes de encontrarme con el Yoga? Era una adolescente común, mis días rondaban entre la Facultad de Psicología (UBA), la Danza Aérea y mi trabajo en atención al cliente en una conocida multinacional. Estaba muy de novia, pensaba que me iba a casar con esa persona, mi vida giraba en un ideal que me gustaba, pero no me convencía del todo. Toda mi rutina era bastante linda, pero había algo que quería cambiar y no sabía cómo… algo dentro mío me decía que había algo más que no había descubierto hasta ese momento; y  ese “algo” me iba a cambiar la vida tal cual la conocía hasta ese momento.

 

Un día decidí ir a probar una clase de Yoga, pese a que mi cabeza decía que no era algo que me iba a divertir. Que no me iba a enganchar, que no me iba a gustar…llegué con todos mis prejuicios acerca de que el Yoga era algo para “gente mayor” y después no pude hacer ni la cuarta parte de la clase que estaba dirigida a adultos, lo cual me generó cierta frustración. Salí indignada, pensaba que por tener un cuerpo joven era merecedora del privilegio de hacer de todo, pero ese día aprendí algo al respecto que cambió todo.

 

Pasé el resto de la semana con todo el cuerpo dolorido; no salía del asombro de haber tenido esa experiencia a pesar de mi actividad física. Decidí tomar clases regularmente, primero una vez por semana, pero enseguida, después de un mes, me di cuenta de que esa frecuencia no me alcanzaba. Tenía mucha energía y sentía que podía más. Así que agregué dos veces más. Durante seis meses, no falté ni una vez a mi práctica, me propuse dar lo mejor de mí para avanzar, no quería tener una columna sin flexibilidad y que mi postura siguiese siendo encorvada y sin gracia. Mi clase de Yoga resultó ser el único momento del día en que me abstraía de todo, de todos, de cada cosa que pensaba durante el día….había descubierto que me podía relajar, que podía dominar mi respiración, que podía inducirme al sueño antes de ir a dormir y tener un hermoso despertar por las mañanas…descubrí viajar a través de mi cuerpo como nunca antes me había pasado, descubrí que podía dominar mi malos hábitos…

 

Así es como el Yoga arruinó mi vida por completo, se llevó todo mi cuerpito sin forma, sin fuerza, sin flexibilidad y me regalo la dicha de tener una columna vertebral fuerte, sana y flexible, un cuerpo ágil y un trabajo de autoconocimiento  verdadero, basado en la experiencia de esta práctica hace ya 16 años. Nunca me detuve ni voy a hacerlo. Tanto se impregno en mi la semilla del Yoga que decidí expandirlo, irradiarlo y contagiarla. Insisto en que es una práctica profunda que no tiene esa apariencia al principio. Pero cuando se empieza a sentir el propio cuerpo nace algo diferente, una sensación tan verdadera que nunca más podemos volver a hacer de cuenta que no la sentimos, que no la miramos. El Yoga es poder mirar hacia adentro y descubrir que somos algo más que nuestra piel, algo más que el peso de nuestros huesos…

 

Lo que no me deja de sorprender es como aún hoy muchos piensan que es una práctica para “gente mayor”. La juventud pasa por cuán flexible es nuestra columna vertebral y claro, por nuestro espíritu; no por cuántas arrugas tenemos o las canas que llevamos. La juventud es un regalo que el Yoga le ha dado a muchos. Es una práctica para todos, no hay excepciones ni condiciones. He conocido gente de 60, 70 y hasta 80 años con una práctica maravillosa.

 

El Yoga arruinó completamente mi vida porque hoy, durante todas mis charlas termino hablando de esto que hago que es lo que más amo; arruinó por completo mis esquemas de una adolescente que se iba a casar, iba a tener una gran familia a los 25, un trabajo como Psicóloga y una vida muy “normal”. ¡Vaya! Todo eso se fue quien sabe a dónde… Ahora me dedico a lo que más me gusta en el mundo, cosa que me da mucho placer hacer y transmitir. ?Descubrí mi pasión y eso me lo regaló la práctica, nada más y nada menos.

 

El Yoga abre nuestra mente. Pensamos, sentimos y vemos las cosas de manera diferente. Es un camino “de ida” como se dice por ahí; muchos toman esta práctica como entrenamiento para poder concentrarse mejor en otras cosas. Usan el Yoga como complemento a sus vidas. Uno siempre elige y eso es lo bueno también, porque el Yoga es Libertad. Quería regalarles esto que no esperaba escribir para ésta semana, pero me dieron muchas ganas de compartirles algo más de mí, más personal. Muchas gracias a todos los que mes escriben, a todos los mails y “likes” en Facebook. Un gran abrazo Yoguico.

 

Selva Mariana Alegre, con una vida arruinada por el Yoga!
Hasta la semana que viene. OM

 




Mariana Alegre

Propietaria at Mariana Alegre Yoga
Profesora de Ashtanga Yoga, escritora, blogger y fan de Bruce Lee. Amante de los viajes Yogis y del te chai. Enseña el Yoga con pasión y organiza viajes a India todos los años promoviendo su cultura y cultivando mas conocimiento Yógico.

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