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¿Cómo se puede promover desde la infancia un estilo de vida saludable, responsable con el medio ambiente y con los demás? Nadie mejor que Martiniano Molina para responder esa pregunta… con el ejemplo. Padrino y parte activa de proyectos como Huerta Niño, la escuela de Cocina Consciente de Camino Abierto y hasta una escuela Waldorf en su barrio, Quilmes, Martiniano colabora a diario para que los chicos se conecten con una actitud más responsable y ecológica. Desde la huerta hasta el plato, desde la cuna hasta la adultez.

Trabajás con Huerta Niño, fundaste una escuela con pedagogía Waldorf en tu barrio, apadrinás la Fundación Camino Abierto y su Escuela de Cocina Conciente… ¿qué te llevó a impulsar tantas iniciativas enfocadas en los niños?

 

Soy padrino de muchas cosas, es verdad! La obvia razón es, primero, que soy papá. Hace once años nació Viole y cuando iniciás tus pasos como padre llegan un montón de cuestiones que antes no habías tenido en cuenta. Pero además, considero que nuestra forma de vivir, la capacidad de modificar hábitos cotidianos, para que prenda realmente tiene que ser desde los más chiquitos. Entonces también por esa conciencia, por comprender que en la educación de la primera infancia quedan marcadas las cosas a fuego para siempre, siempre me interesó acompañar organismos que tienen que ver con la niñez y los procesos educativos.

 

A su vez creo que tiene que ver con mi propia formación desde la infancia. Mi vieja creó un laboratorio antroposófico homeopático en Quilmes, acá, hace 40 años, cuando nada de eso era muy común ni conocido. Mi viejo, más dedicado a la política aunque los dos son bioquímicos, él trabajó muchos años para el gobierno acá en Quilmes. Fue Secretario de Gobierno y Viceministro de Salud. En casa estaban esos perfiles: viví la mirada alternativa sobre la salud y la medicina, e incluso la educación, porque siempre hubo en la farmacia un espacio para lo orgánico y lo alternativo, más extraño aún en esta zona, en Quilmes no hay ni hubo mucha movida así, suena más de zona Norte, no? Y en la farmacia estaba ese rincón – almacén de alimentos no perecederos, integrales, orgánicos. Desde chico lo absorbí junto al perfil más social y político de mi papá, se juntan las dos cosas. Yo recorría de chico con mi viejo algunas villas, otras realidades. Siempre fui de una familia de clase media y lo sigo siendo, más allá de la explosión mediática que atravesé, siempre elijo estar en el medio, buscar un equilibrio, no necesitar demasiado para vivir en lo material…

 

Así, con un grupo de padres empecé hace tiempo un proyecto que se fue transformando en lo que hoy es una escuela Waldorf. El grupo de la escuela se formó antes de que yo me sume, me integré hace 12 años para el grupo de estudio y todavía no habíamos dado con la pedagogía Waldorf, que fue también por el lado de mi vieja, en su farmacia también había una biblioteca disponible para la gente. Mi hermana Eugenia fue la primera en incursionar en los textos de antroposofía y agricultura biodinámica, etc, y después me sumé yo y más tarde aún mi hermana Ana, todos lo respaldamos.

 

Todo lo que pasa en la Escuela Waldorf es por un motivo, no es porque sí o por un reglamento: los contenidos no se dan porque sí o en cualquier momento, es según lo que los niños necesitan vivenciar como parte de un proceso y como parte de su entorno, en un momento y de una forma puntual. Está investigado y corroborado qué necesitan transitar los chicos en cada etapa. Conocer cómo general su propio alimento, o tejer y formar su propia vestimenta, no necesariamente para hacerlo por siempre pero sí para relacionarse de una forma consiente y responsable con esas áreas. Y te diría que la alimentación es uno de los pilares más importantes de este estudio.

 

¿Cómo se formó el proyecto de Escuela en Camino Abierto, de Carlos Keen?

 

Yo hace años que estoy relacionado con Camino Abierto, dando una mano y ayudando en lo que se necesite. Sobre todo, claro, con el restaurante que dirigen Susana y Hugo y atienden los chicos, que también cocinan. Al inicio me ocupe más que nada de la creación de la carta. Ellos cada uno en lo suyo son parecidos a mí, muy inquietos, y Susana empezó a insistir mucho para formar este espacio donde podamos recibir chicos y formarlos. Yo propuse que sea una escuela pero no una más de cocina, que hay miles, mejor es formar gente despierta, si es una escuela de cocina que sea de cocina consciente. “¿Qué sería eso?” dijo Susana. ¡Como si necesitara ella que le enseñen sobre tomar conciencia! Y para mí estaba claro el concepto: que no se enseñen recetas muertas, sino entender que los ingredientes vienen de un lugar y en un momento de estación determinado, que sepamos sobre su siembra y su cosecha, entender las fuerzas que se juegan ahí. Es un espacio apuntado a chicos que no pueden tener acceso a una escuela convencional de cocina, hay becas del ministerio de educación para que accedan chicos con pocos recursos y se forman en una línea de trabajo además, eso está bueno, no cerrar el acceso a todo esto sólo para una elite, para gente con muchos recursos.

 

¿Y respecto de Huerta Niño? ¿Cuál es tu relación con la Fundación?

 

Acompaño Huerta Niño hace años, por la misma búsqueda. Empecé cuando estaba en Cocineros Argentinos a colaborar con ProHuerta que ayuda a crear huertas en espacios complejos y de poco apoyo, para que más gente tenga acceso al alimento saludable. Me convocaron para ayudar y acompañar con la comunicación y difusión, y enseguida acepté porque crear huertas en esos espacios tan alejados, a veces de estas posibilidades ayuda a cambiar realidades.
Para mí es importante que lo que propongo no sea sólo un discurso, lo que digo se basa en la acción. Hoy estuve todo el día en la huerta, quedás agotado pero el camino es por acá. Para cambiar ciertas realidades hay que estar ahí. Dedicarle tiempo y cariño a lo que hacés. El cambio tiene que ver con cada uno de nosotros, y en lo político ni hablar, compartimos estas estructuras y es fundamental hacernos cargo. Todos estamos concernidos y siendo políticos desde hacer las compras hasta tomar el colectivo.

 

¿Y cómo se conecta toda tu actividad y tu posición con tu rol como papá?

 

Cuando todavía no sos papá no te imaginás cómo va a ser. Yo fui padre a los 30, en ningún momento me adelanté a eso, sí cambió todo mucho respecto de cuando nosotros éramos niños. Eso es tremendo, en particular tiene que ver con la revolución de la tecnología, que no creo que sea ni bueno ni malo pero está y acontece, todo lo cambia. En mi casa no había tele, bueno y acá yo sigo sin tenerla. Yo tengo 42 años. Violeta tiene su Ipod, su Ipad. Pero creo que tenemos que regularlo, tenemos que entender que somos padres y tenemos una autoridad que ejercer, el mundo un poco está como está por miedo a hacerlo. Por miedo a no ser queridos, o por confundir criar en libertad con no poner límites. Depende de cómo usemos la tecnología, la tele, es una cuestión de tener criterio. Podemos usarlo para conocer cosas interesantes y ricas y proyectos interesantes, y para pavear. Para ser más creativos o para adormecernos. Esperamos de todos esos sistemas que nos solucionen cosas y no es por ahí. Si nos equivocamos pagaremos las consecuencias, haciéndonos dependientes. Abstrayéndonos de la naturaleza, desconociéndola, sin saber lo importantes que son las estaciones, los tiempos de la tierra.

 

En casa nos ocupamos de que esté lo importante para Viole, porque las otras cosas van a estar igual: por más que no haya tele en casa, los chicos van a tener contacto porque está en casa de los compañeritos, de los amigos. Me han dicho “pobre chica”, ¿qué “pobre”?, no se pierde nada. Lo importante es que no le falte lo otro. Que es lo más difícil, lo que queda lejos, y lo más fundamental para su formación y su crecimiento. Los niños creen que el alimento se crea en el supermercado, eso no está bien. Nos debería interesar que sepan de dónde viene el alimento. Si entendemos que todo eso va a ayudar a modificar las realidades para bien. Es un desafío muy grande…

 

Hace 40 años, mi vieja era homeópata, hacía yoga, etc; pero fumaba, ¡hasta en el auto con todos sus hijos viajando a la costa! Mirá como han cambiado las cosas. Ya va a ser tan inimaginable eso como darle a tu familia grasas trans: es cuestión de tiempo y despertar, una conciencia que depende de todos nosotros. Hay que hacerse cargo de qué difundís y qué hacés en casa. Cada uno tiene sus tiempos y sus momentos de evolución, que hay que respetar, hay que hacer lo que uno siente. Ojalá que lo que sientas y lo que hagas pueda ayudar a cambiar realidades…

 

Gracias Martiniano!
Para saber más sobre los proyectos que difunde y promueve Martiniano:
Huerta Niño
Camino Abierto
Capítulo de Camino Abierto en el libro Malcomidos de Soledad Barruti.

 




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Natalia Kiako

Fundadora at Kiako, the cook
Autora del libro "Cómo Como": Un manual de autoayuda en la cocina saludable (Sudamericana) y del blog de recetas Kiako, the cook. Codirige Kiako-Anich (comunicación hecha con textura) y colabora periodísticamente en temas culturales y gastronómicos con medios como Revista Brando, GreenVivant y muchos otros. A la sazón es Licenciada en Letras, mamá de Julia, corredora bajo perfil y curiosa como un gato.
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